¿Para qué sirve la Arqueología Preventiva?

El pasado miércoles 18 de abril comienza el V Congreso del Grupo Español del Institute for Conservation (GEIIC), que versará sobre el Patrimonio Cultural. Con dicho motivo, reproducimos un significativo fragmento del Manual de Gestión del Patrimonio de María Ángeles Querol, publicado por Ediciones Akal en 2010 en la colección Textos:

El turismo “barato” de sol y playa está evolucionando en nuestro país hacia un movimiento de personas más “culto” -y también más caro y con mayores rendimientos-. En ese cambio, tan necesario, han de desempeñar un importante papel nuestros sitios naturales y culturales. Los muchos programas de “yacimientos visitables” que las Comunidades Autónomas están poniendo en funcionamiento demuestran por sí solos lo que estamos diciendo. Ahora bien, ¿qué yacimientos van a poder convertirse en visitables, si se han destruido ante el avance de las obras públicas o privadas y los movimientos de tierra? La respuesta a esta pregunta podría ser el primer punto, y desde luego el más importante, de los muchos que hemos de incluir en la “lista de utilidades” de la moderna Arqueología Preventiva (APre).

El segundo está directamente conectado con la política de investigación científica. Como antes dije, los yacimientos arqueológicos son abundantes, pero no infinitos y, desde luego, no todos son iguales desde el punto de vista de su importancia para el conocimiento del pasado. Así, hay regiones en las que abundan los restos, por ejemplo, de la época romana, pero no los neolíticos o los de la época árabe. O bien existen territorios en los que la transformación del paisaje en el pasado se conoce de forma intermitente, con laguna que han de ser cubiertas con nuevas investigaciones. Esos ejemplos están destinados a demostrar la necesidad de diseñar un serie de políticas de investigación histórica que tan sólo pueden plantearse y ejecutarse cuando existen toda una serie de yacimientos conservados y sin riesgos, entre los que se puede elegir uno o más por su importancia histórica. Hasta ahora, la práctica de la “Arqueología de Salvamento” hace que sean las obras públicas -y las privadas- las que “mandan” en la investigación de forma que ni pueden diseñarse políticas apropiadas, ni tampoco resulta posible plantear proyectos a largo plazo, de tipo regional o en redes.

Es evidente que la nueva APre que aquí defendemos ha de ir acompañada de una fuerte apuesta por la “socialización” de los bienes arqueológicos, tanto de los conservados como de los excavados. La gente en general no puede permanecer ajena, como hasta ahora, a la realidad arqueológica y a la importancia económica, que no sólo histórica, de los restos. Las Comunidades Autónomas han comenzado a exponer en internet los Informes y las Memorias de las intervenciones, y esto tiene una doble lectura: por una parte está bien, porque el público puede enterarse de lo que se ha hecho; pero, por otra parte, la pobreza de los planteamientos y de los resultados que muchos de esos documentos demuestran puede llevar a una situación negativa, la de preguntase si todo el esfuerzo, si toda la destrucción que significan las excavaciones “de salvamento”, sirve ” tan sólo” para eso. Por todas estas razones, volvemos a insistir en que el éxito futuro de la APre no está sólo en manos de las administraciones de Cultura, sino que muchas otras instancias, sobre todo las educativas, como las universidades, están implicadas en él.

[...]

Durante estos años ha habido muchos cambios, sobre todo de carácter legal, con la introducción en varias de las nuevas normas de las Comunidades Autónomas sobre Patrimonio Cultural o Histórico de artículos que ya están recogiendo el lugar de la APre, como las de Canarias (art. 59) o el Reglamento de Castilla y León de 2007.

Pero quedan aún muchos cambios por proponer y por hacer. Como resumen de lo que se ha venido explicando en este capítulo, han de centrarse en cuatro ideas clave:

  • Sustituir la vieja -y presente- idea de que el impacto negativo y destructivo de una obra en un yacimiento arqueológico “se corrige” excavándolo, por esta otra: la verdadera correción del impacto consiste en modificar la obra para conseguir que ésta no afecte al bien o lo haga de forma mínima; y, sobre todo, planificar el suelo de forma que no existan los impactos o éstos sean muy escasos y pensados.
  • Trabajar en coordinación las tres administraciones implicadas -Cultura, Planeamiento y Medio Ambiente-, todas ellas con conocimiento de causa y con una misma finalidad: que la conservación de los yacimientos sea compatible con un desarrollo equilibrado.
  • Redirigir la Arqueología Empresarial, hasta ahora centrada en las excavaciones “de salvamento”, hacia una labor que consista, fundamentalmente, en las prospecciones de Primera y de Segunda Fase, en la valoración razonada de los yacimientos descubiertos y en la elaboración de propuestas de Reservas, Cauteladas e Integraciones a las administraciones implicadas.
  • Conseguir -por diferentes caminos, no todos difíciles- que la propia sociedad conozca y acepte el reto que supone la moderna APre, y de esta forma tome partido por la conservación antes que por la destrucción.

 

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