Pascual Serrano
Hoy hace 190 años que nació Mark Twain. Es difícil encontrar a alguien que no hay leído, de joven o de adulto, algunas de sus obras como El príncipe y el mendigo, Un yanqui en la corte del Rey Arturo o su Cuentos humorísticos, pero es conocido sobre todo por su novela Las aventuras de Tom Sawyer y su secuela Las aventuras de Huckleberry Finn.
Nos centraremos en esta última. Publicada originalmente entre 1884 y 1885, es considerada una secuela de su distante y exitosa predecesora Las aventuras de Tom Sawyer de 1876, con la cual mantiene una temática similar.

Huckleberry Finn representa una de las primeras grandes novelas estadounidenses. También fue una de las primeras novelas escritas en el inglés vernáculo estadounidense, particularmente hablado por el narrador y el protagonista principal de la historia, Huckleberry «Huck» Finn.
Se publicó por primera vez en Inglaterra en diciembre de 1884 y en Estados Unidos en febrero de 1885.
Trata sobre la vida de personajes y lugares a lo largo del río Misisipi. No olvidemos que Twain se crio en Hannibal (Misuri), lugar que utilizaría como escenario para las aventuras de Tom Sawyer y Huckleberry Finn.
La historia se desarrolla mientras Huck y un esclavo prófugo llamado Jim recorren el río Misisipi huyendo del pasado que han sufrido con el propósito de llegar a Ohio. Detalles de la sociedad sureña como el racismo y la superstición de los esclavos, así como la amistad son algunos de los temas centrales de la novela.
Esta novela ha sido continuo objeto de estudio de críticos literarios desde su publicación. Ha sido bastante criticada por su extenso lenguaje soez y, lo largo del siglo XX, a pesar de ser los argumentos del protagonista y el contenido antirracistas, por considerarse que usa estereotipos raciales y por emplear el insulto racial nigger. Sin duda un buen fenómeno para leer en estos tiempos de debates sobre el lenguaje políticamente correcto.
Según el editor Michael Patrick Hearn ninguna otra obra de la literatura norteamericana ha sido víctima de una historia tan contradictoria como la autobiografía del mejor amigo de Tom Sawyer. Ha sido calificada como obra maestra de la literatura y también como basura racista. Se ha vendido como regalo para niños y se ha retirado de las salas de lectura infantiles de las bibliotecas públicas de todo el país. Es lectura obligada en las universidades tanto en Estados Unidos como en el extranjero y se prohíbe en los planes de estudio de las escuelas tanto de primaria como de secundaria. Al igual que Huckleberry en su decisivo viaje por el Misisipi, parece que la novela ha sido muchas cosas diferentes para otras tantas personas.
Patrick Hearn presenta en un elaborado texto esta edición anotada de Huckleberry Finn, que incopora las 175 ilustraciones originales de E. W. Kemble en sepia. Estas se complementan con curiosas fotografías, dibujos, grabados, dibujos animados, mapas y otros diseños de Kemble, algunos inéditas, todo ello integrado en el texto para resaltar las complejidades de la fascinante obra de Twain.
Hearn también desgrana en su introducción el complicado sistema de escritura de Mark Twain en este libro. Su primera, soez e indecorosa, versión; la posterior revisión siguiendo las sugerencias de su esposa y la siguiente, adaptándose a la norma social por petición de la editorial. Así durante los siete años que tardó en escribirla.
Es evidente que Mark Twain solo pudo escribir esta obra por su conocimiento de la sociedad, la naturaleza y el entorno social donde se desenvuelven los acontecimientos. Después de trabajar como impresor en varias ciudades, se hizo piloto navegante en el río Misisipi, trabajó con poco éxito en la minería del oro y retornó al periodismo. De todo ello sacó lecciones para Huckleberry Finn.
La literatura es un arte, no inspiración −insistió Twain−. Y su capital es la experiencia”. Su consejo para los escritores era: “Vivid de acuerdo con vuestras posibilidades literarias y no toméis cosas de los demás. Podréis escribir cualquier cosa que hayáis vivido –y gracias al trabajo duro y a un auténtico aprendizaje, podréis aprender a escribir bien–. Pero no se puede escribir de aquello que no se ha vivido; sólo se puede pretender escribir, únicamente podréis sacar un documento de apariencia plausible cuya falsedad será evidente ya en la primera línea.
Y si bien este libro es el reflejo de un momento histórico determinado, como bien cuenta Hearne, “Huckleberry Finn sigue suponiendo un reto para los lectores por lo que revela sobre el carácter norteamericano, lo bueno, lo malo y lo feo, así como sobre el propio autor. Como los Estados Unidos, Twain estaba creciendo y madurando. Quizá deje de haber necesidad de Twain y de su obra maestra una vez que se convierta en un país mejor. Y cuando la maldita raza humana también lo sea”.
Quién sabe si leyendo el Estados Unidos de hace 190 años podamos entender mejor el de 2025.