En primer lugar, de los innumerables ataques que recibe desde dentro y fuera de ella misma. Este libro
aporta, en tal sentido, una amplia descripción de todas estas ofensivas, no sólo de aquella que está más próxima e inmediata: el programa político que la Comunidad de Madrid viene desplegando desde hace varios años con el objetivo de reducir las universidades públicas a una condición miserable. El libro intenta mostrar, partir del caso paradigmático de Madrid, la existencia en diferentes lugares del mundo de una compleja operación que acompaña los desarrollos del capitalismo contemporáneo y que se dirige a la ruina de la universidad. La institución ha sido entendida como fábrica, empresa o negocio, desvirtuándose de esta forma su cometido más significativo. Este proceso devastador para nuestras sociedades se ha ejecutado mediante diversos mecanismos que van desde la infrafinanciación hasta la intervención directa sobre la autonomía universitaria, y todo ello con la complicidad o la vaga reacción de los propios gobiernos institucionales. El viaje de los rectores de las universidades públicas madrileñas a Miami, invitados por la presidenta Díaz Ayuso, es una esperpéntica imagen que ilustra esto último. Sin embargo, la destrucción de las universidades no supone una degradación institucional similar a cualquier otra de las que suceden en la actualidad.
En este caso, se trata de un daño que se infringe a la única institución efectivamente reflexiva que estaría en condiciones de poder salvaguardar el pensamiento crítico. La universidad es un espacio que el ser humano ha creado, no sólo para generar nuevos conocimientos, sino para problematizarlos, porque esto es lo que permite la irrupción de nuevas experiencias y posibilidades en el orden del saber. Ciertamente se debe a la sociedad en los desafíos y problemas que afronta y en las alternativas que genera, pero no puede estar subordinada exclusivamente a sus demandas coyunturales.
La universidad siempre debe tener una mirada dirigida hacia el futuro, su compromiso se vincula con aquello que todavía no es. Por eso dentro de sus aulas todo puede ser puesto en cuestión desde el pluralismo y a partir de la comunidad del conocimiento: valores, ideales, ideologías, incluso el propio sentido y la tarea de la institución universitaria. Si la universidad deja de cumplir esta labor, desaparece junto con ello el principal lugar en que la sociedad puede pensarse a sí misma de manera radical y explorar una eventual superación de sus límites. Si se anula esta misión, la democracia misma colapsa y con ello las condiciones básicas para el ejercicio de una libertad verdadera, dando pie al triunfo de la ignorancia prepotente, de la ira como paradigma cultural, de la sumisión elegida. Nos enfrentamos a la eventualidad cierta de la emergencia de un poder uno e indiviso que cierre por completo el juego abierto de la democracia y que anule todo derecho a la crítica. Salvar la universidad, entonces, equivale a proteger la división de los poderes.
- Este fragmento pertenece a ‘Salvar la universidad, defender la democracia. El ataque neoliberal contra la institución universitaria’
