Baudelaire

Tan contracultural como un cantante de heavy metal, pero poeta del siglo XIX

Pascual Serrano

La mayoría de nosotros asocia un icono de la contracultura con un vocalista de un grupo de heavy metal o de punk de finales del siglo pasado. Pero quizá el primer icono contracultural fuese un poeta del siglo XIX. “¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!” puede parecer el estribillo de una canción de heavy metal, pero es uno de sus versos.

Como muchos de los rebeldes, procede de familia acomodada, fue criado por la sirvienta, se negó rotundamente a asistir a la universidad y a comprometerse en cualquier profesión, oficio o trabajo útil y fue un defensor del clasismo aristocrático:

«No hay forma de gobierno racional y asegurado fuera de una aristocracia. Una monarquía o una república, basadas en la democracia, son igualmente absurdas y débiles. La inmensa náusea de anuncios. No hay sino tres cosas dignas de respeto: el cura, el guerrero y el poeta. Conocer, matar y crear. El resto de la humanidad puede ser tasada y usada como burro de carga, nacieron para lo estable, es decir, para practicar aquello que ellos llaman »profesiones».»

Como buen poeta maldito y contracultural muere, un día como hoy 31 de agosto, en 1867, alcoholizado, opiómano, sifilítico, pobre, y hemipléjico.

Si todavía no has adivinado de quién hablamos lo descubrirás tras el título de su más famosa obra de poemas Las flores del mal. Charles Baudelaire, quien ha pasado a la historia como «Poeta maldito», como le llamo Paul Verlaine; “el primer vidente”, “un verdadero Dios”, lo llamó Rimbaud; «el Dante de una época decadente», en palabras del escritor Barbey d’Aurevilly.

Su publicación en 1857 de Las flores del mal  acabó de desatar la violenta polémica gestada en torno a su persona. Los poemas (las flores) fueron considerados «ofensas a la moral pública y las buenas costumbres» y su autor fue procesado. Ante tales acusaciones Baudelaire respondió:

“Todos los imbéciles de la burguesía que pronuncian las palabras inmoralidad, moralidad en el arte y demás tonterías me recuerdan a Louise Villedieu, una puta de a cinco francos, que una vez me acompañó al Louvre donde ella nunca había estado y empezó a sonrojarse y a taparse la cara. Tirándome a cada momento de la manga, me preguntaba ante las estatuas y cuadros inmortales cómo podían exhibirse públicamente semejantes indecencias.”

Ni la orden de suprimir seis de los poemas del volumen ni la multa de trescientos francos que le fue impuesta impidieron la reedición de la obra, en 1861.

Porque para Baudelaire, “un poema sólo merece ese título en la medida en que excita, en que arrebata el alma, y el valor positivo de un poema está en razón directa a esa excitación, a ese arrebato del alma”.

De ese periodo es otra de sus obras irreverentes, Los paraísos artificiales, donde escribió sobre las drogas, el hachís y el opio, elementos que juegan un papel muy preciso en el conjunto de su obra.

Quizá la obra más completa sea Obra poética completa de Baudelaire, donde se incluye Las flores del mal, Poesías diversas y Pequeños poemas en prosa (El spleen de París).

La obra recoge una extensa introducción de su traductor, Enrique López Castellón, apasionado de la figura y la obra de Baudelaire, a quien le ha dedicado numerosas publicaciones. López Castellón deja claro que el poeta busca expresar “las turbaciones de la carne ocultas hasta entonces bajo el velo del sentimiento, púdicamente confundidas con los movimientos del corazón”.

Baudelaire se convierte así “en la encarnación perfecta del maldito cuyo destino no es sólo ocasionar dolor sino sobre todo extenderlo, lograr que todo ser que se le acerque comparta, a pesar suyo, el castigo de su crimen primigenio”.

Baudelaire es el maldito, el que contamina, el que sólo puede causar daño al objeto del deseo. Como cuando en el poema Una carroña le canta al cadáver putrefacto de su amada: “Di, entonces, bella mía, a los negros gusanos/que con tenaces besos te habrá de devorar,/que yo guardé la forma y la esencia divina/de ese cariño mío, descompuesto también”.

Superad eso.

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