El tiempo de Ayotzinapa

Carlos Martín Beristain

En una conversación hace unos años en Madrid, Darío Fo decía que una de las conquistas del poder ha consistido en convertir la historia en un armario lleno de polvo por el que nadie se interesa. Sin embargo, los pueblos han tenido maneras de rehacerse a base de reconstruir sus propias historias.

Esta es una historia que anduvo buscando su lenguaje. El tiempo de Ayotzinapa recoge la experiencia del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), nombrado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para la investigación de la desaparición de los 43 jóvenes estudiantes de Ayotzinapa, Guerrero (México). Un caso que conmocionó a México, movilizó a los familiares y ha supuesto una sacudida en la conciencia de la humanidad. El libro cuenta la historia del trabajo desarrollado durante 14 meses, por un equipo de expertos independientes, desde el corazón de lo vivido. A pesar de que como GIEI publicamos dos voluminosos informes técnicos (Informe Ayotzinapa I y II), tuve que escribir el libro como un proceso de asimilar una historia increíble; una forma de vivir las cosas en un tiempo en que pueden ser vividas, y también escribir sobre los detalles del proceso de trabajo, porque sólo desde la perspectiva de esos detalles puede darse cuenta de la dimensión de la historia y del dolor de los familiares.

portada-tiempo-ayotzinapaEl libro explica los dilemas, los hallazgos, los desafíos, los aprendizajes de esa compleja tarea de investigar y acompañar a las víctimas. El GIEI desmontó con sus pruebas la versión oficial, llamada por el procurador «Verdad Histórica», que reducía el caso a un problema de narcotraficantes coludidos con un alcalde y la policía municipal de Iguala, y demostraba que hubo más autoridades implicadas, otras que no hicieron nada mientras estaban sucediendo los hechos, y que la teoría de que los jóvenes habrían sido asesinados y quemados en el basurero de Cocula no se sostenía en pruebas. Más bien las pruebas señalaban que eso nunca sucedió.

La negación de la verdad y el ocultamiento de los hechos son un fenómeno típico de los casos de desaparición forzada. Pero ¿qué caminos hay que recorrer para descubrirlo? El libro narra el proceso que el GIEI tuvo que hacer desde sus primeros pasos hasta que terminó su trabajo. Permite a quien lo lea acompañar a los investigadores desde el inicio, estar en el escenario donde se tomaron las decisiones, confrontar las respuestas del Estado o contrastar la calidad de la investigación, y, sobre todo, escuchar a los jóvenes sobrevivientes y a los familiares de los desaparecidos, reconocer su dignidad y protagonismo.

Como el malo de las películas vuelve a la escena del crimen para borrar las huellas, yo tuve que volver a muchos de esos lugares para poder asimilarlas. El libro está escrito en lenguaje que no encierra, que acompaña una experiencia que está siendo vivida. Muestra lo que significa la investigación de un caso complejo de violaciones de derechos humanos, como una novela negra en la que los personajes y la historia son tan reales, que sólo en ese lenguaje puede asimilarse. No hay ficción, aunque tantas veces lo parezca.

En sus páginas se describen también los momentos delicados, duros, que tuvimos que afrontar, esos que han sido tan difíciles de escribir. Los familiares y mucha gente en México esperaban que nuestro trabajo ayudara a quebrar un sentido de impotencia aprendida, de que no se puede cambiar nada. Esa transformación empieza por un ejercicio de empatía con el que ellas y ellos han llamado a tantas puertas: póngase en nuestro lugar, piense en que le hubiesen desaparecido a su hijo. Un grito de estos 43, y de otros miles de familiares de desaparecidos en México.

El libro es un mosaico de pedacitos de ese camino vivido y una invitación a dejarse tocar por una experiencia colectiva, la de los hechos que convulsionaron a México y que aún necesitan una respuesta. Está escrito como un diario desde lo más profundo, de cómo este trabajo nos costó, nos dolió y nos ayudó. Este sería, en palabras de Eduardo Galeano, un libro sentipensante. Ojalá les lleve en sus muchos viajes.

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