George Rudé y la historía desde abajo

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George Rudé fue un magnífico estudioso y un maravilloso profesor que hizo aportaciones cruciales al estudio y conocimiento de la historia. Realizó estudios pioneros sobre la historia y la sociología de la «multitud preindustrial» y ofreció síntesis magistrales de la Europa de la «Era de la Revolución». Asimismo, con sus camaradas de la «tradición historiográfica marxista británica», desarrolló un acercamiento crítico al estudio del pasado que se conoció como «historia desde abajo» o «de abajo arriba», ayudando a cultivar una idea más democrática del pasado y de la construcción del presente.

George Rudé nació en Noruega el 8 de febrero de 1910. Su padre era ingeniero y su madre era hija de un banquero inglés. En 1919, la familia se mudó a Inglaterra. El joven George estuvo becado en un colegio privado de Shrewsbury y luego estudió una licenciatura en Lenguas Modernas en la Universidad de Cambridge. En 1931 obtuvo un puesto de profesor en Stow.

Rudé recibió una educación conservadora. Sin embargo, a mediados de la década de los treinta se convirtió en un «antifascista comprometido», leyó con avidez los textos clásicos marxistas y se afilió al Partido Comunista de Gran Bretaña. Poco después se mudó a Londres, donde trabajó activamente para el Partido y enseñó lenguas en St Paul’s School. En la capital conoció a Doreen de la Hoyde, que se convirtió en su mujer y en su compañera durante el resto de su vida.

Grupo de Historiadores del Partido Comunista de Gran Bretaña 

En la Segunda Guerra Mundial, Rudé sirvió en el cuerpo de bomberos de Londres. Inspirado por sus lecturas de Marx y Engels, empezó a estudiar Historia en la Universidad de Londres. A finales de los cuarenta, inició una investigación doctoral titulada «The Parisian Wage-earning Population and the Insurrectionary Movements of 1789-1791» («La población asalariada parisina y los movimientos de insurrección de 1789-1791»); terminó el doctorado en 1950. Pero eran tiempos difíciles. En 1949 perdió su trabajo de profesor por su actividad política y la intransigencia de la Guerra Fría le impidió acceder a ningún puesto universitario. Sin embargo continuó investigando, animado por sus camaradas intelectuales, especialmente por los hombres y mujeres que conoció como miembro activo del Grupo de Historiadores del Partido Comunista (1946-1956). Finalmente consiguió un trabajo de profesor en un instituto de secundaria de Londres.

El Grupo de Historiadores del Partido Comunista fue la incubadora de la tradición historiográfica marxista británica. En él había figuras como Rodney Hilton, Christopher Hill, Eric Hobsbawm, John Saville, Dorothy Thompson y E. P. Thompson; todos ellos, al igual que Rudé, se convirtieron en reconocidos académicos. Individualmente, todos hicieron destacadas aportaciones a su respectivo campo de estudio; colectivamente, hicieron profundas aportaciones tanto a la historia social como a la teoría histórica.

Siguiendo la gran hipótesis de Marx y Engels que afirmaba que «la historia de todas las sociedades que han existido hasta ahora es la historia de las luchas de clase», los historiadores marxistas británicos centraron sus estudios –desde los medievalistas hasta los modernos– en el tema de la «transición del feudalismo al capitalismo». Comprometidos con el movimiento laborista y con las políticas socialistas, trabajaron de abajo arriba para recuperar las vidas que llevaban largo tiempo ignoradas, así como las luchas de campesinos, artesanos y clases trabajadoras que cambiaron la historia. En conjunto, sus obras presentaron una crónica original de la construcción de la Gran Bretaña moderna, basada en la lucha de clases, que ha servido tanto para remodelar democráticamente la memoria, la conciencia y la imaginación histórica popular británica, como para inspirar e influenciar a historiadores de todo el mundo.

El propio Rudé realizó una significativa aportación al Grupo. Organizado en «secciones temporales», las dos principales secciones del Grupo se centraban en los siglos XVI-XVII y en el siglo XIX, es decir, en la Revolución inglesa y la Revolución industrial, respectivamente. Como recuerda Eric Hobsbawm:

«[El siglo XVIII era] una tierra de nadie entre las dos secciones más florecientes del Grupo, simplemente no había nadie que supiera mucho sobre este periodo, hasta que George Rudé, un explorador solitario, se adentró en el periodo de John Wilkes».

La historia desde abajo

Al mismo tiempo, las investigaciones de archivo que Rudé llevó a cabo en París le permitieron conocer al más importante estudioso de la Revolución francesa, Georges Lefebvre, y a sus discípulos, Albert Soboul y Richard Cobb.

Lefebvre era, en esencia, heredero de la tradición republicana y liberal de la historiografía revolucionaria que, tradicionalmente, había visto la Revolución en términos eminentemente políticos y había presentado la crónica de unos acontecimientos en los que «el pueblo» –al que no se estudiaba o definía satisfactoriamente– derrocaba al Antiguo Régimen. Sin embargo, Lefebvre, simpatizante del marxismo, empujó el estudio de la Revolución en una dirección histórico-social (fue él quien acuñó el término «historia desde abajo»). La investigación que desplegó sobre el campesinado y las protestas urbanas transformó de forma espectacular el estudio de la Revolución y sirvió para inspirar y dar autoridad a los estudios de Soboul sobre los sans-culottes parisinos, a los de Cobb sobre los «ejércitos revolucionarios» y los sans-culottes en las provincias, y a los de Rudé sobre las «multitudes revolucionarias».

Lefebvre se interesó mucho por los proyectos de Rudé, y Soboul. Cobb y Rudé se hicieron amigos íntimos (Lefebvre se refería a ellos como los «tres mosqueteros»). Tanto Soboul como Rudé honrarían a su mentor profundizando en la interpretación marxista de la Revolución y enfatizando la importancia de la estructura de clases en los acontecimientos.

En los cincuenta, Rudé publicó una serie de innovadores artículos sobre las protestas que se produjeron en Londres y París en el siglo XVIII (que luego se recopilaron en el volumen Paris and London in the Eighteenth Century). Por uno de estos artículos, «The Gordon Riots: A Study of the Rioters and their Victims» («Los disturbios de Gordon: estudio de los alborotadores y sus víctimas») (1956), recibió el muy prestigioso Premio Alexander. Aun así, no le ofrecieron ningún puesto en la universidad hasta 1960, cuando, finalmente, recibió una invitación de la Universidad de Adelaida. A los cincuenta años de edad dejó Inglaterra, junto con Doreen, para irse a Australia (aquello también coincidió con su salida del Partido Comunista).

A partir del momento en el que se convirtió en profesor universitario, la carrera académica de Rudé floreció. Escribió 15 libros, editó otros dos, y firmó numerosos artículos, ensayos y críticas. Gozó del reconocimiento y del afecto de sus estudiantes universitarios por sus extraordinarias cualidades como profesor y mentor, que sin duda había cultivado durante sus muchos años de profesor de instituto. Tras diez años en el hemisferio sur, se trasladó a la Universidad Sir George Williams (hoy la Universidad de Concordia) en Montreal, Canadá. También en los años setenta, fue Profesor Invitado en la Universidad de Columbia, la Universidad de Stirling, la Universidad de Tokio y el College of William and Mary. Enseñó en Canadá hasta 1987. Tras jubilarse a los setenta y siete años de edad, Rudé y su esposa establecieron su residencia permanente en Inglaterra. Allí continuó escribiendo, mientras se lo permitió su salud, hasta su muerte en 1993.

El texto de esta entrada es un fragmento de la introducción de “La Europa revolucionaria 1783-1815” publicada en Siglo XXI editores.

La Europa revolucionaria 1783-1815

portada-europa-revolucionaria-rudeEl Antiguo Régimen se derrumbó ante la embestida de la Revolución francesa. En Francia, bajo los ideales de «Liberté, égalité, fraternité» se decapitó al rey y se dio la bienvenida a la república, se proclamó que todos «los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos» y se aprobó el sufragio universal masculino. En París, bajo el himno de la Marsellesa, la Revolución desembocó en el Terror, ocaso del horizonte de concordia y fraternidad, y la razón moderna se encarnaba en un nuevo Imperio que se extendería por Europa con las victorias de los ejércitos napoleónicos.

La Europa revolucionaria, obra maestra que se ha convertido en un clásico fundamental, ofrece una crónica previa a la gran agitación y describe tanto el desarrollo de la Revolución en Francia como el gobierno de Napoleón y su impacto e influencia en el resto de Europa y el mundo. George Rudé, autoridad y referencia en historia social, presenta cómo aquella sociedad revolucionaria, que transformó radicalmente el orden social y derribó el Antiguo Régimen y sus instituciones políticas, acabó configurando un Imperio.

La multitud en la historia. Los disturbios populares en Francia e Inglaterra, 1730-1848

portada-multitud-historia-rudeLa multitud en la historia marcó un hito historiográfico. Por un lado, inauguró lo que desde entonces se conocería como “historia desde abajo”, intentando recuperar el pasado de los sectores populares desde una perspectiva que incluía la propia subjetividad de los actores. Por otro, la incorporación de las percepciones de individuos y grupos en la explicación histórica supuso un tránsito entre la historia social y la historia cultural, corriente que ha dado destacados y continuados frutos.

Casi medio siglo después de su aparición, este trabajo sigue interpelándonos porque como señala Miguel Ángel Cabrera en el prólogo de la presente edición se trata de «una obra abierta que invita a la rectificación y la renovación como si no aspirara a ser más que un esbozo inicial. Por ello sigue rezumando frescura intelectual y su lectura nos sigue resultando historiográficamente estimulante e inspiradora».

Revolución industrial y revuelta agraria. El capitán Swing

portada-capitan-swing-rudeEmpresa común de dos autores fundamentales de la tradición marxista británica Revolución industrial y revuelta agraria, de Eric J. Hobsbawm y George Rudé, abordó de manera novedosa los levantamientos de los trabajadores agrarios en la Inglaterra de principios del siglo XIX, reflexionando sobre la relación entre las condiciones materiales de la movilización colectiva y el entorno cultural.

Desde que apareciera en 1978, se ha convertido en referente de los numerosos estudios de historia social e historia cultural que han visto la luz en todo el mundo. Su relectura, como sostiene Julián Casanova, prologuista de la presente edición, «provocará posiblemente nuevas preguntas y la oportunidad de revisar sus principales hipótesis y argumentos».

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