La figura de Žižek

Ricardo Espinoza Lolas | Zizek reloaded

¿Žižek…? ¿Decimos Žižek…? ¿Slavoj Žižek…? ¿Quién es Žižek…? Un retrato de Slavoj… Habla y habla, le teme al vacío y busca siempre en una mirada o en una palabra o en algún tipo de gesto la aprobación de que lo que está diciendo va bien, necesita al otro en tanto que Otro más que nadie en su radical soledad y más allá de sus chistes subidos de tono, bromas políticamente incorrectas, cuentos infinitos y logolálicos (gusta contar cuentos como Sherezade y tener un millón de amigos), escucha, sabe escuchar y leer como nadie. Y sabe leer no solamente el texto, sino lo que acontece. Y en ese saber leer y escuchar con mayúscula se nos vuelve en el mejor (psico)analista de las actuales producciones culturales (mejor que Fredric Jameson, ByungChul Han, etc.). Slavoj Žižek es como un personaje de esos antiguos filmes de Woody Allen, el eterno romántico y muy inteligente personaje que haría todo por una mujer, pero que se vuelve, en un instante, solamente en una mirada transparente y diáfana de abismal profundidad.

Lo más importante y bello de estar una semana en la cotidianidad con Slavoj fue conectar con su mirada, la cual pocas veces se da, pero se da, y en esa mirada aparece su mediación, dicho en honor a mi Hegel y a su Lacan y a una su figura inmediata, la que todos ven como parte de una ideología en la que se vive y nos domina. Y así acontece la distancia de esa misma figura y rostro inmediato porque Slavoj tampoco es inmediatamente Slavoj. Y, en ese abismo entre su ser y su esencia, acontece todo lo reflexivo, histórico, humano y lo que sea que es él. En esa mirada reflexiva que acontece con tu propia mirada, los significantes se resignifican y la amistad, el compromiso, lo filosófico, lo político, el proyecto, el Otro inicia la realización de lo que somos juntos, esto es, una IDEA. Y ese silencio radical está en él, bajo todas esas palabras, cuentos y tics. Y, tanto por su silencio, su palabra y su gesto, se va construyendo Mundo; por esa mirada de Slavoj vale la pena que acontezca esa otra palabra, es decir, su filosofía y su efectivo compromiso político.

En el coloquio internacional Slavoj Žižek. Un intelectual para el siglo XXI pudimos pasar varios días con Žižek, lo cual es bien inusual, porque el filósofo esloveno siempre está muy poco tiempo en cada país. En estos días, en Granada, aconteció otro Žižek; su expresión inmediata del filósofo rockstar dio paso, en la mediación del día a día, al hombre Slavoj. ¿Qué aconteció en esa mediación? Lo que sucedió es que nadie puede ser inmediatamente lo que es, sino que siempre hay un abismo insondable entre lo que aparece y su mediación esencial. Žižek devino, para nosotros, densidad humana, potencia filosófica y compromiso ético político.

Vayamos por partes. Žižek es un animal filosófico. Y, en el fondo, lo único que le interesa es la filosofía, y en el sentido más clásico del término. Vive y respira filosofía y dedica muchas horas de estudio diario a los grandes filósofos, y desde ellos va trabajando los conceptos que necesita para ir, por una parte, criticando la ideología dominante del capitalismo y, por otra, proponiendo su propia filosofía de transformación material de la realidad. Slavoj Žižek en su día a día en Granada desde muy temprano, en el desayuno, hasta muy tarde, en sus e-mails, siempre estaba alerta al quehacer mundial y lo estaba de forma muy crítica y, junto con ello, su forma de ver el mundo era siempre hegeliana-lacaniana, esto es, žižekiana.

La mirada žižekiana consiste en un instrumental muy fino que le permite ver las producciones culturales, las superficies ideológicas, las capas geopolíticas, etc., no solamente en su aparecer inmediato, sino radicalmente, y –esto es muy importante– en el tejido mismo de sus mediaciones. Y, en este tejido, la materialidad de la historia es fundamental. Y Žižek sabe como muy pocos bosquejar en esa historia, y desde su radical ateísmo, un mundo mejor. Hay afirmación ideológica que permite en el decurso de la vida resistir al capitalismo, e incluso vencerlo revolucionariamente. Y es esto lo que pretende el filósofo esloveno.

No se puede leer a Hegel ni a Žižek de forma aislada y de modo analítico lineal; ha sido un grave error de ya dos siglos de lectura de Hegel, incluso de sus discípulos directos, la llamada «derecha» hegeliana; esta tendía a leer a Hegel linealmente de una forma no metódica y con una sistematización acumulativa y excesiva de los «contenidos» de su pensamiento (sumar y sumar lecciones de distintas fechas en torno a un tema, por ejemplo, el arte; en el fondo, estos hegelianos eran unos «capitalistas de la acumulación»); de ahí que editaran tan horrorosamente a Hegel y ayudaran a inventar al Hegel totalitario, megalómano y excesivo. Un Hegel sin matices, esto es, el Hegel panlogicista (que nosotros –Jameson, Eagleton, Duque, Vitiello, Nancy, Ripalda…– rechazamos); en donde la contingencia no tiene nada que hacer y decir en la construcción de la historia, en donde la sociedad no va generando en sí misma su propia idea de desarrollo de unos con otros, etc. Žižek, en su tesis doctoral, es muy explícito:

[…] Hegel está muy alejado de la imagen recibida del «panlogicismo»: ¡es una extraña «verdad especulativa» la que sólo puede articularse, en el nivel de las palabras, en los encuentros fortuitos! Hegel subvierte radicalmente la oposición platónica (del Cratilo) entre el carácter natural y el carácter arbitrario del lenguaje, la oposición que adquiere luego, en el pensamiento moderno, la forma de las dos concepciones fundamentales referentes a la naturaleza del lenguaje […]. El lenguaje contiene ciertamente una verdad intrínseca, pero esta no debe buscarse en los orígenes oscuros, en una raíz originaria disipada por la progresiva instrumentalización. Esa verdad resulta, antes bien, de un encuentro fortuito que adviene retrospectivamente: en principio, el lenguaje «miente», disimula la verdad dialéctica de los conceptos, su movimiento especulativo, pero a veces, por casualidad, puede llegar a los encuentros, a las coincidencias fortuitas… y dejar emerger el contenido especulativo. La verdad no debe buscarse en el nivel de la universalidad de los principios sino en el de la contingencia particular.

Y Žižek busca volver a ese Hegel, así como Lacan quería volver a leer a Freud y, en esa vuelta, acontece la experiencia del pensar renovadamente, tal como le aconteció, por ejemplo, a Lenin cuando lee a Hegel profundamente a finales de 1914. Y, en ese acontecimiento de relectura, se da la posibilidad de volver a diseñar la historia en la que se está. Y Žižek está en eso. Él quiere releer a Hegel, desde Lacan, para que se den las posibilidades revolucionarias de un nuevo Octubre de 1917, pero a la altura de los tiempos, esto es, a la altura de ir generando entre todos una comunidad más solidaria y una democracia más robusta que no esté capturada por el capital.

Zizek reloaded – Ricardo Espinoza Lolas, Óscar Barroso Fernández – Akal

 

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