sombra marx

Antes de que el árbol se seque: a la sombra de Marx

Héctor Ortega

En la introducción a A la sombra de Marx. Fragmentos de materialismo accidental (Akal, 2025), de César Rendueles, Luis Alegre Zahonero —coautor junto a Carlos Fernández Liria de El orden de El Capital (Akal, 2010)— recuerda que pocas tradiciones críticas han tenido una influencia tan persistente como el marxismo. Incluso quienes se distancian de él lo hacen dialogando con su legado. Marx, en ese sentido, sigue siendo una de las principales referencias políticas.

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El libro de Rendueles asume esa herencia sin convertirla en dogma. Desde una perspectiva abierta y plural, el autor reconoce que el marxismo no tiene por qué ser la única guía para afrontar los debates contemporáneos sobre el capitalismo, sus desastres y las alternativas posibles o imaginables. Por eso, junto a pensadores marxistas fundamentales —Gramsci, E. P. Thompson, Althusser, Sacristán o Elster—, incorpora también aportaciones externas a esta tradición, como pueda ser la de Karl Polanyi en el campo de la historia económica, o el conjunto de propuestas que sitúan la emergencia ecológica en el corazón de la emergencia política.

La crisis climática, de hecho, atraviesa buena parte del libro como un desafío que obliga a revisar las categorías heredadas. Rendueles lo expresa con especial claridad en uno de los pasajes más contundentes del ensayo:

“El marxismo ha perdido su nicho ecológico y se ve ante el abismo no de la derrota teórica o política sino de la extinción. La frustración ha hecho que algunos anticapitalistas sientan la necesidad de igualar las apuestas, tratando de demostrar que su perspectiva está a la altura estructural de la crisis ecológica: algo no solo pueril sino políticamente catastrófico. En el pasado la herencia de Marx nos ha obligado a mirar a un lugar política y moralmente crucial, que los juegos de espejos del mercado ocultaban. ¿Y si ahora estuvieran ocurriendo exactamente lo contrario? ¿Y si nuestra tradición teórica ha quedado reducida a una torre de marfil desde la que componer elegías al incendio global?” (p. 175).

Más que una descalificación, estas líneas funcionan como invitación a la autocrítica y al aggiornamento: ¿cómo mantener viva una tradición crítica en un contexto radicalmente distinto al que la vio nacer?

Rendueles aborda también un fenómeno que merece atención: la presencia de elementos del legado marxista en discursos y estrategias en los movimientos neoautoritarios actuales. En particular, señala cómo ciertas nociones asociadas a Gramsci —como la idea de hegemonía cultural— han sido retomadas en contextos ideológicos muy distintos a los que les dieron origen. La disputa por el sentido común, por tanto, ya no es un terreno exclusivo de la izquierda; el lenguaje crítico circula y puede adquirir significados diversos según quién lo emplee y con qué fines. En este punto resulta especialmente sugerente el diálogo con Karl Polanyi. Aquí, Rendueles nos explica cómo, en La gran transformación, Polanyi interpreta el fascismo como una reacción compleja ante las tensiones del capitalismo moderno: un intento de reorganizar el orden social, incluso mediante mecanismos de planificación, para preservar determinadas estructuras de poder, en donde liderazgos carismáticos o propuestas híbridas —con elementos sociales y conservadores— forman parte de ese escenario complejo que obliga a repensar las categorías políticas tradicionales.

Por otra parte, para ir finalizando, siguiendo a Rendueles, en el libro se destaca un rasgo esencial del marxismo que ha ido perdiendo vigor, casi hasta desaparecer, pero que sin el cual se desdibuja toda su potencia revolucionaria: la vocación internacionalista. Más que una estructura organizativa concreta, la Internacional representó la intuición de que, ante un capitalismo de alcance global, las respuestas transformadoras debían articularse también a escala transnacional. Parte de la pérdida de centralidad del marxismo en el siglo XXI puede entenderse como el debilitamiento de ese impulso cosmopolita y como la dificultad para actualizar sus categorías ante desafíos globales, especialmente los de carácter ecológico, que afectan al conjunto de la humanidad.

Como conclusión, cabría decir, en mi opinión, que en La sombra de Marx ni se asume ningún planteamiento nostálgico ni se adhiere a ninguna ortodoxia rutinaria. Más bien, dentro de una colección de ensayos diferentes y accesibles, nos invita a preguntarnos qué elementos de la tradición marxista siguen siendo fecundos y cómo pueden dialogar con otras fuentes teóricas ante las urgencias del presente en un contexto de crisis sistémica. Rendueles no ofrece respuestas cerradas, pero sí una invitación a revisar, cuidar y renovar la herencia crítica del marxismo plantando nuevos árboles y asegurando que el ciclo del agua siga manteniendo con vida el bosque que todos y todas habitamos a su sombra.

Un comentario

  1. Al autor del artículo, no del libro: internacionalismo y cosmopolitismo son conceptos antagónicos. Lea a Lenin.

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