Pascual Serrano
Seguro que muchos jóvenes, y no tan jóvenes, creen que esas cosas de fabricar el relato como estrategia de convencimiento político, los imaginarios culturales o el uso de las narrativas como discurso ideológico son inventos y estrategias modernas del mundo de la comunicación y las nuevas tecnologías. Pues no, es muy antiguo, incluso casposo si tenemos en cuenta que, en España, fue el franquismo quien lo explotó durante décadas. De eso trata el libro Fábulas del desarrollo. Franquismo y capitalismo, de Ana Fernández Cebrián.
Lo que el libro nos explica y detalla es todo el proceso ideológico de seducción del franquismo en todas sus fases, desde la nacionalcatólica a la del desarrollismo neoliberal. Toda una galaxia de literatura, cine, noticieros, cómics, periodismo y cualquier otro producto cultural se dedicaba a la causa. O sea, como ahora.
Fernández Cebrián bucea en todas esas ficciones culturales que incidían en la vida colectiva de los españoles del franquismo para lograr seducir a esos ciudadanos sufridores de la dictadura. Ahí coinciden, desde la fiebre de los platillos volantes, la ciencia ficción de los cómics, la lotería/rifas/caridad, la fiebre del seiscientos, las entrañables navidades o las parejas felices.
Una de las cosas más curiosas es cómo lograron saltar desde el nacionalcatolicismo al principio del franquismo, al desarrollismo tecnocrático, cuando lo que había que vender era el consumo, la clase media, la imagen de una economía y una tecnología en desarrollo. Lo de la cruzada contra el comunismo y la masonería ya no se sostenía, y lo que tocaba era vender que la economía iba como un tiro, o eso decían, que para eso Franco tenía el empujón de Estados Unidos.
Creo que la foto de la portada del libro, incomprensible si no se lee el texto, es muy elocuente. La imagen de un niño del colegio La Salle Bonanova de Barcelona, en 1961, posando ante un artefacto con forma de cohete que contenía una figura del Niños Jesús. Como dice Ana Fernández, “la imagen combinaba la celebración de la epifanía cristiana con los deseos de modernidad que albergaba la carrera espacial”. El cielo cristiano y el cielo astrofísico en una misma tacada.
Si paramos a pensar un poco, es evidente que Las fábulas del desarrollo continúan funcionando hoy. Cuando se inaugura una Expo, o unas Olimpiadas, o cuando Estados Unidos envía una nave espacial a la cara oculta de la Luna y los medios lo venden como un gran logro, omitiendo que China lo hizo hace siete años. Toda la factoría cultural, mediática y tecnológica funciona como fábulas del desarrollo.
Estoy convencido de que, dentro de cincuenta años, se podrá escribir un libro sobre las Fábulas del desarrollo de la Unión Europea, la revolución tecnológica, la libertad de internet o cualquier otro gran evento que el tiempo mostrará que solo fue propaganda y humo.
