Joseph Haydn. Evolución del cuarteto de cuerda

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  • En contexto
  • Antes:
  • 1198 El motete Viderunt omnes, de Pérotin, instaura la práctica de componer para cuatro voces, base del cuarteto de cuerda
  • Siglos XVI–XVII Las piezas tempranas para cuarteto de cuerda comprenden la Sonata en cuatro partes de Gregorio Allegri y las Sonate a quattro de Alessandro Scarlatti, pero la forma estándar de la música de cámara era la sonata en trío, normalmente para dos violines y bajo continuo.
  • Después:
  • Década de 1890 Inspirado por Joseph Haydn, el promotor de conciertos londinense Johann Peter Salomon lleva los cuartetos de cuerda de los salones privados a las salas de conciertos.

Joseph Haydn

haydn-josephA caballo entre los periodos barroco y clásico, Haydn fue una figura clave del clasicismo musical. Nacido en la Baja Austria en 1732, de familia humilde, fue un niño dotado para la música y asistió a la escuela coral catedralicia de Viena desde los ocho años. Sus primeras obras, incluidos algunos cuartetos de cuerda, se publicaron en París en 1764.

Su trabajo en el palacio Esterházy de Hungría cimentó su reputación como compositor. Luego viajó a muchas capitales musicales, siendo de especial relevancia su estancia en Londres, donde su trabajo tenía gran demanda. Después de las Sinfonías de Londres (93–104), solo compuso seis misas y dos oratorios. En su última aparición pública, en diciembre de 1803, dirigió Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz. Murió en su hogar de Viena en 1809.

  • Otras obras
  • 1768 Sinfonía n.º 49.
  • 1795 Trío para piano n.º 24 en Re mayor.
  • 1797–1798 La Creación.
  • 1798 Misa Nelson.

Evolución del cuarteto de cuerda

Joseph Haydn inventó el cuarteto de cuerda. El porqué se decidió por la combinación de dos violines, viola y violonchelo no está claro, pero la razón pudo ser que sus registros reflejan las voces de un coro. Estos instrumentos, y los músicos para tocarlos, también debían de ser fáciles de conseguir en la corte húngara de la familia Esterházy, donde Haydn era compositor.

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Antes de Haydn, el conjunto estándar de música de cámara era el trío, compuesto por un instrumento de teclado al que se unían dos melódicos (violín o flauta), con un continuo como el violonchelo, que doblaba la línea de bajo del teclado. De hecho, el uso por Haydn de cuatro instrumentos de la familia de la cuerda modernizó una tradición desarrollada por Henry Purcell en sus fantasías de cuerda para hasta seis voces, ejecutadas con violas.

Sonido mejorado

Haydn se benefició de los grandes avances en la manufactura de instrumentos, personificada en Italia por la familia Amati, Antonio Stradivari, Francesco Ruggieri y la familia Guarneri. Unos violines, violas y violonchelos más sensibles entusiasmaban a compositores e instrumentistas. Haydn también se interesó por los avances en la fabricación de arcos: los anteriores tenían que estar pegados a la cuerda, produciendo así un sonido continuo, mientras que los nuevos permitían crear un sonido breve, casi percusivo, al hacerlos «rebotar» contra la cuerda, como muestra Haydn en el finale de su Cuarteto de cuerda en Do mayor, op. 33 (1781).

Las cualidades de transmisión sonora de estos nuevos instrumentos y técnicas acabaron por espolear la composición de una música de cámara que pudiera ser interpretada en grandes salas de conciertos, y no solo en salones privados.

Al nombrar a Joseph Haydn, traemos a la mente a uno de nuestros más grandes hombres […] Domina cada artificio armónico. Ernst Ludwig Gerber Organista y compositor (1746–1819)La expresividad emocional de sus obras de madurez vincula a Haydn con el movimiento artístico alemán Sturm und Drang («tormenta e ímpetu»). Para él, el cuarteto de cuerda era el vehículo perfecto para crear contrastes extremos destinados a conmover a la audiencia. Entre sus primeros cuartetos terminados destacan el op. 9, del que más tarde afirmó que fue el auténtico punto de partida de sus composiciones de este tipo, y el op. 20, en el que la liberación gradual de las cuatro partes en voces solistas dentro de la estructura de cuarteto marcó un nuevo hito.

Especialmente interesante es su op. 20, n.o 2, pues en él invierte la forma más habitual de un cuarteto, en la que domina el primer violín, al presentar el violonchelo como voz principal, con el segundo violín y la viola por debajo, mientras que el primer violín queda inicialmente en silencio. El minueto del tercer movimiento del op. 20, n.o 4 también es innovador: el compás habitual de los minuetos es ternario, pero en este caso los acentos hacen que suene como si estuviera en ritmo binario. En tres de los finales (op. 20, n.os 2, 5 y 6), asimismo, usa una forma bien establecida, la fuga, para desarrollar ideas nuevas, como la interrupción de largos tramos de sotto voce (muy suave) con estallidos de forte (fuerte).

Aclamación europea

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En el palacio Esterházy, que aparece en esta pintura del siglo XVIII, Haydn tuvo un puesto seguro, pero agotador: además de componer, se encargaba de músicos, partituras y actuaciones.

Se cree que Haydn conoció a Mozart a principios de la década de 1780 y que ambos se hicieron buenos amigos. Haydn como segundo violín, Mozart a la viola, el austriaco Carl Ditters von Dittersdorf al primer violín y el checo Johann Baptist Vanhal al violonchelo tocaron juntos a menudo cuartetos de cuerda y experimentaron mutuamente con sus composiciones. Esto llevó a Mozart a dedicar a Haydn sus seis primeros cuartetos de cuerda maduros.

A medida que crecía en Europa la demanda de música de Haydn, sus cuartetos empezaron a ser interpretados tanto en salas de conciertos como en salones privados, y el compositor adecuó su estilo a su finalidad. De forma natural, al hacer aún más brillantes las partes del primer violín, con notas más altas y exhibiciones de virtuosismo, también hizo que las tres voces inferiores fueran más atléticas. Además, los intérpretes tenían que aprender a proyectar su sonido.

Una obra audaz

No hay cuarteto de Haydn más original [que el op. 54, n.º 2], ni que contenga más innovaciones proféticas. Hans KellerSu op. 54, n.º 2 en Do mayor, compuesto en 1788, es uno de sus muchos cuartetos de inventiva excepcional. Haydn experimentó con casi todas las tonalidades posibles (cambios de tono y modos mayor y menor), así como con formas clásicas (sonata, fuga, variaciones, minueto, scherzo y rondó). Tal vez algunos cuartetos de virtuosismo más constante y mayor brillantez de proyección, y también algunas composiciones anteriores, como el movimiento lento de su op. 20, n.º 1, evoquen mejor el perfecto sonido íntimo de un cuarteto, pero los contrastes extremos entre movimientos de su op. 54, n.º 2, así como la inspirada y audaz decisión de concluir con un movimiento lento, singularizan a este concierto como una pieza musical auténticamente memorable.

El Cuarteto op. 54, n.º 2 fue uno de los que Johann Tost, un violinista muy admirado por Haydn y astuto negociante, llevó a París para su promoción y venta. Su brillante partitura solista para el primer violín estaba dirigida a una audiencia que prefería el quatour concertant, un tipo de cuarteto de cuerda de moda en la capital francesa entre 1775 y la revolución de 1789. También debió de adecuarse al talento de Tost para tocar en registros muy altos.

Una obertura exuberante

Tradicionalmente, la clave de do mayor elegida por Haydn para este cuarteto es un indicio de música alegre y optimista. La pieza comienza con unos brillantes y animados compases y una melodía rápida y vivazmente improvisada, de ánimo festivo. Cada instrumento lidera a su vez la sección de desarrollo, mientras que la reexposición está marcada por el exuberante arpegio del violonchelo y las interjecciones del primer violín. Cuando el movimiento debería llegar a su conclusión, Haydn –como otros grandes compositores clásicos como Mozart, Beethoven y Schubert– ignora las convenciones compositivas al acabar con un gran clímax: con ambos violines sonando al máximo, viola y violonchelo se unen antes de que el movimiento acabe casi reflexivamente, de no ser por sus dos acordes verticales finales.

Contrastes sorprendentes

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Haydn visitó Viena a menudo con el séquito del príncipe Esterházy. En esta pintura del siglo XIX aparece (de azul claro) dirigiendo un cuarteto desde su posición preferida de segundo violín.

El siguiente adagio (lento) en do menor es sumamente introspectivo. Una triste melodía cíngara es entonada en los registros más bajos de los cuatro instrumentos. El milagro de este movimiento es la imperceptible creación de lo que parece ser un quinteto, cuando los tres instrumentos más bajos tocan con dobles paradas ocasionales, liberando al primer violín para presentar un lamento que suena como si fuera totalmente improvisado. La libertad de la notación de Haydn da a cada violinista la oportunidad de realizar una interpretación individual y sin restricciones de este pasaje, algo que Brahms emuló en el movimiento lento de su Quinteto para clarinete, op. 115.

La tristeza del final –sobre un acorde silenciado– queda deliberadamente sin resolver. En lugar de la pausa habitual (e incluso la afinación de instrumentos tan habitual entre movimientos), la pieza pasa directamente al minueto, que comienza dubitativo y luego emula gradualmente el optimismo del primer movimiento. En las secciones de trío contrastante, todo esto cambia cuando un disonante la bemol repetidamente acentuado sobre un tiempo débil suena como gritos de angustia. La repetición convencional del minueto desempeña un papel crítico para la recuperación del tono optimista Sin embargo, es el finale el que proporciona la mayor sorpresa. En vez del movimiento rápido convencional, Haydn presenta un adagio con una melodía apacible y tranquilizadora, pero incluso aquí, el violonchelo se comporta de forma inusual, subiendo hasta el tono del primer violín. Tras un rápido interludio, el cuarteto finaliza plácidamente.

El legado de Haydn

No se sabe cuál fue la acogida del cuarteto. De hecho, las mucho menos imaginativas obras de otro austriaco, Ignace Joseph Pleyel, fueron más populares en París en aquellos días. Sin embargo, menos de 20 años después, cuando Beethoven creó sus cuartetos op. 18 en 1800, se produjo un resurgimiento de los cuartetos de Haydn. El estilo de sus 83 cuartetos había revolucionado la música de cámara: Schuman los estudió antes de embarcarse en sus tres cuartetos op. 41, y todos los compositores posteriores de cuartetos se inspiraron en Haydn.

Conjuntos de cámara

En el siglo XVIII, a medida que aumentaba la educación y crecía la clase media, el aprecio por la música se extendió más allá de las cortes e iglesias. El número de músicos aficionados aumentó con rapidez, y los amantes de la música podían reunirse en una «cámara», o salón, para tocar en casa. Esto creó un mercado de piezas musicales adaptadas a un ambiente íntimo, sobre todo para instrumentos de cuerda, que se combinaban armoniosamente y eran más asequibles y fáciles de conseguir tras las mejoras de la fabricación de instrumentos.

Aunque el cuarteto de cuerda fue el conjunto de cámara más habitual en los periodos clásico y romántico, los compositores escribieron también para quintetos, con una viola o un violonchelo más, o añadiendo un contrabajo. Finalmente las composiciones incorporaron otros «quintos» instrumentos, como el clarinete, creando así un sonido más rico. También aparecieron obras para quintetos de viento-madera (flauta, oboe, clarinete, fagot y corno).

A finales del siglo XVIII, muchas casas de clase media ya poseían un piano, y los compositores crearon música de cámara adecuada: tríos (piano, violín y violonchelo); cuartetos (tríos de piano, violín y violonchelo más viola) y quintetos (cuartetos de cuerda y piano). El dueto para piano tocado por dos intérpretes en el mismo instrumento también se hizo frecuente en hogares y conciertos, y compositores como Mozart y Schubert crearon piezas para cuatro manos.

El texto y las imágenes de esta entrada son un fragmento de: “El libro de la música clásica. Una completa guía de música clásica para todos

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