¿Por qué leer desde América latina a una musulmana decolonial?

Gabriela González Ortuño

portada-la-carcel-del-feminismoSirin Adlbi Sibai publicó el año pasado La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento islámico decolonial, en la colección Inter Pares. En él muestra la forma en la que la cultura europea occidental despliega sus dispositivos ―tales como el orientalismo, que folcloriza a las culturas no blancas; el colonialismo epistémico y el colonialismo espiritual― para imponer sus formas de construir conocimientos y ejercer sus creencias sobre el resto del mundo. Estos dispositivos tienen como estrategia un movimiento metonímico a través del cual una diversidad de culturas y especificidades geográficas quedan reducidas a un solo punto, en este caso, a la mujer con hiyab. Esta mujer será la imagen combatida en pos de la libertad colonial europea, la cual responde únicamente a su visión del mundo y, en consecuencia, los defensores de los derechos humanos, las feministas blancas occidentales y todas las fuerzas progresistas de la modernidad capitalista la señalarán por un lado, y “buscan salvarla”, “abrirle los ojos” para mostrarle los caminos hacia la emancipación.

Este movimiento, paradójicamente, vela por la diversidad cultural, de posturas políticas, de ejercicios religiosos y de las voluntades de las mujeres que deciden usar el hiyab. Se trata de un movimiento que las despoja de su capacidad de decisión e ignora su inteligencia. Mientras pensadores anticoloniales como Frantz Fanon veían el uso de la prenda como una forma de resistir la mirada colonial del varón europeo que insistía en desvelar/observar/conquistar con la vista a las mujeres de las colonias, Fátima Mernissi denunciaba que el velo de las mujeres en Occidente eran el peso y la talla que las obliga a tener una apariencia determinada sin respetar ciclos de vida. Ambas posturas muestran la ceguera de los colonizadores y de la mayoría de las mujeres de los países occidentales y occidentalizados, que son regidos por un modelo patriarcal capitalista que establece parámetros ante los mandatos de género a los que las mujeres están sujetas desde el patriarcado moderno capitalista y que resisten desde otras latitudes.

Sirin Adlbi muestra en La cárcel del feminismo la diversidad de posturas de las mujeres marroquíes frente a las embestidas coloniales, sobre todo a las uniformadas como progresistas que actúan a través de ongs. La autora expone las historias de organización, de formación política y de resistencia en distintos niveles, nos permite echar un vistazo a aquello que se oculta tras las gafas de la mirada colonial sobre las mujeres con hiyab. Sus palabras resuenan en mujeres de otras regiones, en nosotras las todas “otras”, las que no buscamos encajar en el devenir mujer occidental y que rastreamos las huellas de las mujeres que estuvieron antes que nosotras, que nos mostraron formas distintas de resistir y de ser.

Los puentes que pueden tenderse entre Adlbi Sibai y las mujeres de este lado del océano pueden partir de la colonialidad espiritual que ya había denunciado Gloria Anzaldúa, quien defendía el uso de iconos religiosos chicanos como una forma de resistir a los cristianismos protestantes blancos norteamericanos. El “mestizaje espiritual” fue una herramienta de apropiación del cristianismo, de un cristianismo popular que recogió lo que el cristianismo europeo trató de callar de las religiosidades ancestrales. Posiblemente tomar a todo cristianismo como colonial sea una de las pocas objeciones a nuestra autora, desde un continente que lo conoce como herramienta de resistencia, sobre todo mediante las teologías de liberación. Aunque la noción de colonialidad espiritual golpeó a los pueblos originarios y afro de manera cruenta, se han encontrado formas de rescate, de construir religiosidades distintas, liberadoras, como nos muestran Ivone Gebara o Maricel Mena.

Por otro lado, la forma en la que los pensadores islámicos han emprendido la tarea de construir conocimiento desde un colonialismo epistémico (esto al entrar en el circuito de “objetividad” científica occidental, al adoptar sus términos y su forma lógica binaria de entender el mundo), conduce a un epistemicidio, a una forma de acallar los conocimientos que se han desarrollado a lo largo de siglos y que no corresponden al binarismo sino a una forma múltiple de aprehender lo humano. Esto conforma una lógica sin salidas que la autora denomina cárcel epistemológico-existencial y que, desde nuestro continente, es fácilmente identificable apenas se asoma la nariz al debate de la filosofía latinoamericana y su originalidad; más aún cuando nos acercamos a las obras de los diversos feminismos de la región en donde podemos detectar, por ejemplo, en el feminismo comunitario, la idea de entronque patriarcal, esto es, un pacto de homosolidaridad entre los hombres colonizadores y los colonizados: tanto quechuas y aymaras como los hombres musulmanes de diverso origen, se erigen como interlocutores con la episteme occidental y como sus reproductores.

La imagen de la mujer con hiyab tiene más en común con los cuerpos de mujeres negras hipersexualizadas que con las feministas blancas que señalan con el dedo a unas y otras al no seguir sus pasos; tiene más que ver con las mujeres andinas que cargaron a sus ídolos para llevarlos a las montañas heladas y defender sus creencias ancestrales, con las disidentes sexuales que luchan contra la violencia homófoba, tiene más en común con el velo de las madres de Plaza de Mayo que se niegan a olvidar o a renunciar a la justicia. Así, esta imagen que para Occidente sirve de desprestigio y sumisión, para las mujeres latinoamericanas participantes de movimientos populares o de feminismos tiene de identificación y de orgullo, de resistencia y liberación. Las mujeres latinoamericanas, sobre todo aquellas que buscan herramientas de descolonización, deberían acercarse a la obra se Sirin Adlbi quien, a través de una amplia revisión a postulados post y decoloniales, tiende un puente entre quienes luchamos contra la misma cárcel epistemológica-existencial, contra la construcción de muros que buscan alejar lo que siglos de resistencia han mantenido unido porque como nos muestra, la revolución vendrá desde las mujeres con velo.

Gabriela González Ortuño es maestra en Estudios latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (unam). Su texto “(Trans)modernidad y feminismo en dos pensadoras caribeñas contemporáneas: Ochy Curiel y Yuderkys Espinosa” aparece en La crítica en el margen, coordinado por José Gandarilla (col. Inter Pares, México, Akal, 2016).

 

 
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