La lucha por la democratización de la comunicación

Fragmentos extraídos del libro “Medios democráticos. Una revolución pendiente en la comunicación” de Pascual Serrano:

portada libro medios democraticos pascual serrano«Entre todos los cambios y luchas sociales que se están desarrollando en América Latina, hay una que en Europa, en el mejor de los casos, se está ignorando y, en otros, se sataniza directamente. Nos referimos a la lucha por la democratización de la comunicación. Esa democratización pasa por la creación de un marco legal que permita que la libertad de expresión no sea patrimonio de unos pocos, que ponga coto a la manipulación y la mentira como mecanismos de acción política desde los medios de comunicación, y que desarrolle medios y políticas públicos que garanticen el pluralismo y la diversidad. Todo ello es lo que, desde grandes medios y sectores empresariales y neoliberales, se presenta en Europa como ataques a la libertad de expresión, leyes mordaza, persecución de la prensa y políticas de propaganda gubernamental. Llevamos mucho tiempo delegando la información en los grandes medios y sus correspondientes empresas, y hemos olvidado que democratizar la comunicación, es decir, devolverla a la ciudadanía, es una cuestión de justicia social enmarcada en el derecho humano a la información y la comunicación.»

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«La política de agresión de los grandes grupos de comunicación tras las victorias electorales de dirigentes de izquierda fue unánime e inmediata. El periodista Andrés Sal.lari cuenta que, dos meses después de la llegada a la presidencia de Bolivia Evo Morales, en enero de 2006, los dueños del diario La Prensa de La Paz convocaron una reunión con todos sus trabajadores. En la misma, la accionista más importante de la empresa informó a los periodistas de que, debido al riesgo que corría la democracia en Bolivia ante la aparición de un régimen totalitario, el medio asumiría una política de oposición al Gobierno de Evo Morales. La misma escena se repitió al año siguiente en Ecuador. Pocas semanas después de la victoria de Rafael Correa en las elecciones presidenciales del 15 de enero de 2007, los trabajadores del diario El Comercio de Quito fueron convocados por la presidenta y directora general del diario, Guadalupe Mantilla, quien les informó de que quienes simpatizasen con el socialismo del siglo XXI podían retirarse del diario, que a partir de ese momento asumiría una postura opositora al Gobierno. La denuncia la hizo el militante ecuatoriano por los derechos humanos Alexis Ponce. En la historia del continente han existido ejemplos de medios de comunicación que fueron punta de lanza contra gobiernos de cambio; es el caso del diario El Mercurio en Chile y La Prensa en Nicaragua. En ambas situaciones lograron desplazar a gobiernos legítimos.»

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«El acaparamiento de los medios de comunicación por parte de una pequeña cantidad de emporios económicos se ha convertido en una de las principales herramientas del neoliberalismo para el control ideológico de las sociedades. A este problema se añade la impunidad para manipular y el ocultamiento de sus accionistas con todos sus intereses económicos y políticos. Se esmeran mucho en disimular su militancia e intereses económicos que defienden a través de cárteles empresariales −como la SIP, que más tarde explicaremos− y se presentan como defensores de la libertad de expresión, convirtiendo este principio democrático en una coartada para su dominio y para atropellar el derecho ciudadano a informar y estar informado.»

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«Se acusa a las políticas de desarrollo de los medios públicos de servir a los intereses de los gobiernos y difundir contenidos propagandísticos de dichos gobiernos a pesar de que algunas de las televisiones ni siquiera se dedican a los informativos. Se trata de cadenas puramente culturales. Es el caso de ViveTV en Venezuela y Encuentro en Argentina, entre otras. Como recuerda Dênis de Moraes, “no aceptan publicidad comercial y merchandising, tampoco orientan sus programaciones de acuerdo con encuestas de audiencia. La lógica es otra: en lugar del entretenimiento descartable y consumista, se invierte dinero público en la diversificación de contenidos, desarrollando prácticas pedagógicas ajustadas a los lenguajes y formatos audiovisuales con tecnología digital, buscando opciones culturales no mercantilizadas y reforzando lazos identitarios nacionales y regionales”. Vale la pena repasar cuáles y cómo son estas cadenas culturales públicas y que el lector las compare con el panorama de televisiones comerciales que copan los diales europeos y hasta hace poco los latinoamericanos.»

Sobre el autor: Pascual Serrano (Valencia, 1964)

Pascual SerranoSe licenció en Periodismo en 1993 en la Universidad Complutense de Madrid. Tras trabajar y colaborar en prensa tradicional, comenzó a desarrollar un periodismo crítico con los grandes medios y participar en proyectos alternativos. En 1996 fundó junto con un grupo de periodistas la publicación electrónica Rebelión (www.rebelion.org), que hoy funciona como diario alternativo en internet. Durante 2006 y 2007 fue asesor editorial de Telesur, un canal de televisión multinacional latinoamericano que pretende ser un modelo de comunicación contrapuesto a los medios dominantes del primer mundo.

Su denuncia a los métodos de información de los grandes medios tradicionales se ha reflejado en libros como Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo (2009), con prólogo de Ignacio Ramonet, o La prensa ha muerto: ¡viva la prensa! De cómo la crisis trae medios más libres (2014). En esta misma editorial ha publicado Traficantes de información. La historia oculta de los grupos de comunicación españoles (2012).

Serrano fue primer premio del Concurso Internacional de Ensayo «Pensar a contracorriente» en 2007 y galardonado en 2010 con la distinción Félix Elmuza, que otorga la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en casos excepcionales a periodistas no cubanos.

En la actualidad dirige la colección de libros A Fondo, sobre temas de actualidad, en la editorial Akal y es miembro del Consejo Editorial de la revista satírica El Jueves.

Medios democráticos. Una revolución pendiente en la comunicación

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