dinero bebés

Pascual Serrano presenta ‘El negocio de los bebés’

Gestación subrogada, vientres de alquiler, maternidad subrogada, explotación reproductiva, gestación por sustitución. Una vez más el lenguaje se maneja según el interés y la posición de quién lo utiliza. Estamos hablando de una técnica de reproducción asistida mediante la cual una mujer (gestante) accede, tras realizar un contrato, a llevar un embarazo a término para otra persona o pareja (padres de intención), a los que entregará el bebé tras el parto.

A partir de ahí se genera todo un debate entre defensores y detractores, donde entran en liza numerosos elementos: los derechos de la mujer gestante, los derechos de los que solicitan el servicio, el derecho del futuro bebé, las relaciones contractuales que se establecen, las tarifas, las motivaciones de ambas partes y, por supuesto, las circunstancias socioeconómicas que, como siempre sucede en el capitalismo, condicionan todo.

Todo ello se aborda en este nuevo libro de la colección A Fondo, El negocio de los bebés. La gestación subrogada, que, si bien expone todas las circunstancias, argumentos e intereses, la autora ya deja claro desde el principio que no es neutral: «me posiciono claramente en contra de un sistema que facilita las situaciones de explotación de la madre gestante, que no tiene en cuenta los derechos de la criatura gestada y que, en muchos casos, se aprovecha de la desesperación de algunas parejas que piensan que su vida no tiene sentido sin descendencia para fomentar la noción de bebé como derecho y como propiedad que puede ser comprada»

Así de claro lo tiene Elena Crespi Asensio, pero no crean que por ello su libro es un burdo alegato contra la «gestación subrogada», la autora expone cómo la sociedad presiona a las mujeres hacia la maternidad, explica los tipos de gestación subrogada, repasa la legislación –la española y la de muchos otros países– y esboza las argumentaciones de las empresas que se dedican a ello. Asimismo, nos informa de las consecuencias para las gestantes de dar al bebé inmediatamente después de parir, así como las que tiene para el niño romper súbitamente y de forma definitiva el vínculo con la madre dentro de la cual ha estado creciendo durante nueve meses.

Crespi es psicóloga especializada en sexología, relaciones sexo-afectivas, terapia sistémica y psicología perinatal. Y desde ese punto de vista, junto con el de su feminismo, ha escrito este libro.

De todo este debate creo que el más interesante es el de centrarnos en las banderas de los defensores –en realidad, las empresas que hacen el negocio– de esta práctica. Si nos fijamos bien, su argumentación es prácticamente el lema de la Revolución francesa: libertad, igualdad, fraternidad. Es decir, el contrato entre una gestante pobre y unos solicitantes solventes, según ellos, se basa en la libertad de ambas partes, la igualdad de condiciones para tomar su decisión y la fraternidad que motiva a ambos, la primera para satisfacer la necesidad de ser padres de los segundos y estos por el adorable deseo de cuidar de un hijo.

La autora lo desmonta de la siguiente manera:
Igualdad: «El discurso neoliberal define la igualdad como igual posibilidad de elección, pero no todas las personas parten de las mismas condiciones materiales, por lo que su punto de partida en el momento de elegir no es de igualdad».

Libertad: el estricto término de libertad lo podríamos aplicar para que las personas puedan decidir libremente donar sus órganos a cambio de dinero. En cambio, todos coincidimos en que eso sería una aberración, conscientes de que la decisión no sería libre en la medida en que estaría condicionada por las circunstancias y necesidades económicas del donante. Como dice la autora, «por eso prohibimos la venta de órganos, para proteger a las personas más vulnerables. Pues bien, esa misma lógica puede ser aplicada a la gestación subrogada». Las desigualdades estructurales que hemos señalado anteriormente provocan que los consentimientos no sean libres.

Fraternidad: la gestante no lo hace por altruismo, lo acepta por necesidad. Basta observar la procedencia social de cada parte. No existe ninguna gestante adinerada y de países ricos, ni existe pareja contratante de origen humilde y procedente de países pobres. En 2015 se contabilizaban a 25.000 bebés procedentes de 3.000 clínicas en India. El discurso de altruismo y solidaridad de la mujer que acepta entregar a su hijo es falso; se trata de necesidad.

Otra cuestión espectacular del tema que nos ocupa es que, a pesar de ser ilegal en España, el Registro Mercantil recoge más de una decena de empresas dedicadas a esa actividad. Crespi nos explica los mecanismos y subterfugios que las empresas utilizan para aprovechar vacíos legales, ambigüedades o fraudes de ley para lograr implantar su negocio. Incluso en 2017 se celebró una feria dedicada a la gestación subrogada, anunciada como un gran acontecimiento.

La posición de la autora, hay que recordarlo, es la misma que ha adoptado el Observatorio de Bioética y Derecho, quienes, según Crespi, han considerado que la gestación subrogada no debería ser legalizada en España y que no debería considerarse como un medio para obtener descendencia. Algo similar a lo que han declarado el Parlamento Europeo y el Consejo de Europa.

Para reforzar su posición, la autora aporta algunos datos y cifras interesantes: en 2023 este negocio generó 15,76 millones de euros para las empresas, y en 2031 se espera que llegue a 74,63 millones. Según cálculos del gobierno estadounidense, más de 20.000 niños han sido abandonados desde 1990. Y según una investigación de Reuters, algunos niños rechazados por gestante y contratantes han acabado en el mercado de tráfico de órganos. Existen catálogos de donantes de óvulos con sus características físicas y sociodemográficas para que las familias contratantes elijan a la carta. A las gestantes se les prohíbe viajar o tener relaciones sexuales y se las obliga a pasar por una cesárea en lugar de un parto vaginal normal para desligar los vínculos entre madre e hijo. Lo habitual es tenerlas a todas recluidas en granjas de madres.

En conclusión, y como señaló Angela Davis, la gestación subrogada es la sucesora de las prácticas reproductivas impuestas en las plantaciones esclavistas de Estados Unidos. O un adelanto de la distopía de El cuento de la criada.

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *