La organización soviética de la educación y de las artes (1917-1921)

Un bolchevique para los intelectuales, un intelectual para los bolcheviques. Anatoli Vasílevich Lunacharski, el primer Comisario del Pueblo para la Educación, es una de las figuras más representativas de la contradicción existente en la Rusia revolucionaria entre las grandiosas aspiraciones de transformación social que mueven a los protagonistas de la revolución y los terribles condicionamientos bajo los que deben acometer su intento de crear una sociedad nueva.

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Lunacharski y Lenin en la inauguración a un monumento al «Trabajo liberado», 1 de mayo de 1920. En la primera fila (de izquierda a derecha): Olga Kámeneva, D. P. Shterenberg (director del IZO del Narkomprós), Lunacharski y Lenin.

El Narkomprós

El Narkomprós era el comisariado encargado de la educación y de las artes que dirigió Lunacharski. La tarea organizativa central que afrontaba el Narkomprós, como Comisariado de Educación, era la administración del sis­tema escolar; y éste fue el campo de su fracaso más evidente durante el período de la guerra civil. Pero el Narkomprós se apuntó cierto número de éxitos.

Las Universidades, la Aca­demia de Ciencias, los institutos de investigación científica y los teatros se mantuvieron abiertos con subvención estatal y sin excesivas interferencias del Narkomprós en vista de las considerables provocaciones. Las bibliotecas públicas, los mu­seos y las colecciones de arte se protegieron y abrieron al pú­blico. El Narkomprós formuló los principios básicos de la re­forma de la enseñanza y creó gran cantidad de jardines de infancia y una red de escuelas experimentales y colonias infanti­les. Subvencionó las artes con criterios bastante liberales, que, de hecho, favorecieron el arte experimental y vanguardista, pero al mismo tiempo impidió que la vanguardia persiguiera a los conservadores. Los dirigentes del Narkomprós estaban ex­cepcionalmente bien preparados para su trabajo, eran democrá­ticos en sus métodos y valoraban la opinión y la cooperación de los expertos.

Teoría educativa

¿Cuál era la ilustración que traía el Narkomprós? De habérsele preguntado, Lunacharski podría haber planteado tres cuestiones fundamentales. La primera en la esfera de la teoría educativa, donde el Narkomprós se mantuvo firmemente a favor del movimiento europeo y americano de aquella época, partidario de la educación progresiva: del fomento de la creatividad e individualidad del niño, del desarrollo de sus instintos sociales, de las relaciones informales entre alumnos y maestros, de los métodos de enseñanza activa, de la ampliación del plan de estudios para que incluyera el estudio del medio ambiente, de la educación física y estética y de la preparación en las habilidades y los oficios manuales. Estos principios fueron más de una vez considerados por Lunacharski como motivo de «nuestro legítimo orgullo ante Europa»; y dijo al VTSIK (El Comité Ejecutivo Central Panruso,  el más alto poder del Estado) que el Informe sobre la Escuela Única de Trabajo del Narkomprós de 1918 se convertiría «en un clásico de la pedagogía».

Cultura, arte y ciencia

La segunda cuestión entraba en la esfera cultural y científica. Un Estado ilustrado, creía Lunacharski, reconoce que el trabajo creativo en las ciencias y las artes debe llevarse a cabo con un mínimo de interferencia y presión exteriores. Pero también reconoce que tal trabajo, en último término, redunda en beneficio del Estado; y en consecuencia, proporciona generosas subvenciones.

Lunacharski sostenía en relación con las artes (e indudablemente con las ciencias) que la peor desgracia sería que el Estado mostrara especial preferencia por algún grupo, poniéndolo en consecuencia en situación de monopolio artístico. Se opuso a las peticiones de privilegios especiales de los artistas comunistas de vanguardia, como Mayakovski y Meyerhold, e hizo todo lo posible por proteger a los artistas tradicionales de sus ataques. Creyendo que el respeto por el trabajo académico era un signo de ilustración, apoyó a la Academia de Ciencias en su solicitud de autonomía subvencionada (aunque el secretario de la Academia, Oldenburg, que era quien impulsaba esta reivindicación, había formado parte del Comité Central del partido cadete y era el predecesor inmediato de Lunacharski como ministro de educación pública del gobierno provisional). Animó a los artistas y estudiosos comunistas, pero no en la persecución de sus colegas ni en sus pretensiones monopolistas.

Igualdad de oportunidades educativas

La tercera cuestión sería el principio de igualdad de oportunidades educativas. El Narkomprós sostuvo que el sistema educativo debería hacer posible que el hijo de un obrero industrial fuera obrero en una fábrica, o director de una industria, o miembro de la Academia de Ciencias, sin que la elección profesional quedara restringida desde una edad temprana. Esto significaba educación general universal tanto a nivel de primaria como de secundaria. Descartaba la posibilidad de la temprana especialización profesional en las escuelas y del aprendizaje de oficios por los niños en edad escolar. De este modo, la Escuela única de Trabajo, de acuerdo con el programa del Narkomprós, era «politécnica», pero no «profesional»: enseriaba una diversidad de oficios manuales sin especializar en ninguno de ellos ni proporcionar una preparación profesional ni comercial.

Críticas

El estilo y los métodos del Narkomprós fueron criticados muchas veces por su falta de tenacidad bolchevique. El comisariado de Lunacharski —y el propio Lunacharski— era considerado por muchos bolcheviques demasiado tolerante, demasiado dado a los vuelos de la imaginación, demasiado fácil de manipular por la intelligentsia ajena al partido, insuficientemente vigilante de la defensa de la ortodoxia del partido. Pero el Narkomprós encontró relativamente pocas dificultades de principios durante los años de la guerra civil. En esta época, la política oficial con respecto a las artes no era discriminatoria. La tendencia natural del gobierno comunista a dar preferencia a los artistas comunistas quedaba equilibrada por el instintivo disgusto de muchos políticos comunistas por la vanguardia artística. De los líderes del partido, sólo Bujarin simpatizaba verdaderamente —y no le duró mucho la actitud— con el carácter iconoclasta de la izquierda artística y sus demandas de privilegios monopolistas. El Comité Central (en su carta «Sobre el Proletkult» de diciembre de 1920) dictaminó en su contra.

La objeción más normal a la actividad cultural del Narkomprós no era sobre su política, sino sobre la amplitud de su patronazgo: se decía que era un mecenas demasiado generoso y crédulo, y que gastaba demasiado dinero en las artes y demasiado poco en escuelas. De la misma forma, tampoco existía desacuerdo básico con la política del Narkomprós en el mundo científico. De hecho, la iniciativa de conceder autonomía a la Academia de Ciencias fue tanto de Lenin — quien creía que era necesario para encontrar un modus vivendi con los especialistas de todos los campos— como del Narkomprós. El Narkomprós fue criticado por su buen trato a los profesores universitarios anticomunistas. Pero su respeto por la ciencia y por un cierto grado de independencia científica no se discutía.

Profesionalización de la enseñanza secundaria

Los principios educativos que el Narkomprós planteó en 1918 fueron aprobados sin especial relieve por el gobierno soviético. El VTSIK aceptó el Informe sobre la Escuela Única de Trabajo sin discusión, a la vista de su «carácter» completamente indiscutible», como dijo uno de los delegados. No obstante, el tema de la profesionalización de la enseñanza secundaria dio lugar a una controversia en 1920-21. El problema de la profesionalización, argumentaban Otto Schmidt (director de la Glavprofobr) y los sindicatos, se basaba en la esperada escasez de mano de obra especializada durante la reconstrucción postbélica de la industria rusa. La postura profesionalizadora gozaba de popularidad en los comisariados económicos, los sindicatos y los comités del partido, que instintivamente apoyaban la alternativa más práctica y utilitaria de las que se ofrecían. Parte del Comité Central apoyaba la profesionalización. Pero el Narkomprós siguió oponiéndose, por ser una limitación de la igualdad de oportunidades educativas; y la propuesta fue derrotada por la intervención de Lenin — utilizando una superior habilidad a partir de una posición probablemente débil— en apoyo del Narkomprós.

Los problemas de un Estado revolucionario

Para el historiador de los primeros años del Narkomprós, la cuestión de mayor interés radica en las luchas por traducir las ideas a la práctica, por encontrar formas institucionales adecuadas en medio de una situación revolucionaria. En este sentido, la historia de los primeros tiempos del Narkomprós representa un ejemplo de los problemas de un Estado revolucionario. Pero esto no es todo. Lunacharski creía que el comunismo significaba, sobre todo, la ilustración del pueblo. La Revolución de Octubre le puso a la cabeza del Comisariado de Educación: «como un verdadero apóstol y precursor de la ilustración», tal como se le calificaba en una felicitación de los maestros revolucionarios de provincias en 1918. El período de la guerra civil fue necesariamente un momento de resultados prácticos limitados para el Narkomprós, pero fue un momento de grandes esperanzas. Para el Narkomprós, sus nuevos jardines de infancia eran «rincones llenos de alegría, llenos de la luz de la mañana que anuncia el futuro socialismo; puntos luminosos del futuro por el que luchamos, visibles contra el crepúsculo, contra el telón de fondo cruelmente coloreado por la guerra de nuestra atormentada patria». Como escribió Thomas Carlyle en su historia de la Revolución francesa, contemplando la chaqueta azul celeste que se había puesto Robespierre para la festividad del Ser Supremo y que vestía el día de su ejecución: «Ay, lector, ¿puede soportar esto tu duro corazón?»

Sheila Fitzpatrick

Sheila Fitzpatrick, doctora por la Universidad de Oxford, profesora emérita de la Universidad de Chicago y profesora de historia en la Universidad de Sidney, es una de las más destacadas especialistas en la historia de la Rusia soviética. Su trabajo se ha centrado en la historia social y cultural del periodo soviético, particularmente las prácticas cotidianas del campesinado y los trabajadores industriales.

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