Rectores y privilegiados. Crónica de una universidad

Cuando en noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín, mi padre –que, en los años duros del franquismo, había colaborado activamente con el Partido Comunista– se vio invadido por un hondo sentimiento de decepción. Y no se trataba tanto de que viera cómo empezaba a perder pie un modelo social y económico concreto, sino de que, con el muro, había caído también un velo. Fue en aquel momento cuando empezaron a oírse y a reconocerse, pública e incontestablemente, un sinfín de atrocidades e injusticias que hasta entonces siempre se habrían achacado a la intoxicación generada por los reaccionarios antisoviéticos. Jamás podré olvidar el momento en el que, con la vista nublada y el gesto perfectamente serio –que diría Machado–, me dijo: «La Pasionaria sabía todo esto. Carrillo sabía todo esto. Y no nos lo dijeron. Nos han engañado. Lo sabían todo y nos han estado engañando…».

Hay mucha gente dentro y fuera de la Universidad que sabe todo lo que está pasando en ella y no está diciendo nada, y está contribuyendo hoy y aquí a extender otro velo de silencio en torno a qué está sucediendo en las universidades españolas de la democracia. Cuando el caso del rector Suárez ha saltado a los medios de comunicación gracias al trabajo, a la valentía y a la voluntad de servicio público de un periódico humilde pero digno, como es El Correo Gallego –cuyo principal pecado es no ser ni madrileño ni barcelonés–, buena parte de los sectores de opinión en España ha tratado de rehacerse diciendo: «No puede ser… esto es una excepción». Tal vez lo sea. Pero tal vez no.

No me cabe ninguna duda de que, gracias a los artículos dominicales de José Carlos Bermejo Barrera en El Correo Gallego, entre sus lectores y entre sus propios profesionales, se ha generado una sensibilidad especial ante los temas relacionados con las contradicciones, los sinsentidos, los problemas y las disfunciones de una institución como la universitaria hasta ahora inmaculada e intocable. Tomar conciencia –como puede verse en este caso– suele tener efectos muy saludables.

Lo cierto es que la opinión pública de este país –que se pasa los días, los meses y los años tertuliando– poco sabe de cuánta gente se haya implicada en la galaxia universitaria española, de cómo se gobiernan las universidades, de qué cantidades de dinero se manejan y cómo se reparten, de cuál es el grado de transparencia que manifiestan, de qué ha supuesto Bolonia, etc. Sencillamente, hasta el caso del rector Suárez, la Universidad no ha sido noticia salvo para hablar de nombramientos y proyectos más o menos innovadores o faraónicos, de alguna huelga de estudiantes o de alguna reclamación de los rectores. Nada más. Una visceral reacción de defensa de la misma se produce cada vez que se quiere levantar una voz crítica… en buena medida, porque se parte de la idea errónea de que quien critica a la Universidad es un enemigo de la misma y, en general, un enemigo del progreso, del desarrollo o del conocimiento.

Pero la España actual no es la de Galdós y su Doña Perfecta. La Universidad puede y debe ser criticada también desde un pensamiento no reaccionario, como cualquier otra institución del Estado. Faltaría más. José Carlos Bermejo Barrera lo ha planteado de forma inigualable diciendo que, en un país donde se ha encontrado corrupción en la monarquía, en el Gobierno, en las instituciones, en los partidos, en el deporte, hasta en la propia Iglesia… ¿hay que suponer que la Universidad, que gestiona a menudo inmensos recursos económicos y cuenta con unas cifras de personal más que notables, nunca ha tenido ningún caso de corrupción, ningún error grave, ninguna veleidad…? ¿Todo el mundo ha sido honesto y ha obrado con un acierto y una ecuanimidad que se demostrarían como únicos en nuestra sociedad y en nuestra historia? ¿O tal vez no? ¿O tal vez el sistema está diseñado precisamente para que no haya posibilidad de acceder a esa información por parte de nadie?

No deja de resultar curioso que el autor de este libro se encuentre en la cúspide de la pirámide académica –como uno de los profesores e investigadores más reconocidos de su universidad y de su país y que, por lo tanto, no habla desde el resentimiento de alguien que no hubiera tenido éxito dentro del sistema– y que su editor sea un outsider, alejado de la carrera de los méritos por encontrarse fuera de la Universidad, a pesar de que cada vez que es invitado a participar en algún acto académico o en alguna publicación, sus anfitriones le propongan añadir al suyo el nombre tranquilizador de una universidad (en este caso, aleatoriamente, la de Valladolid o la de Santiago de Compostela); sin duda, porque –bien es sabido, en la Universidad– fuera de ella hace mucho frío para cualquiera que quiera desarrollar una tarea intelectual.

José Carlos Bermejo lleva al menos 10 años denunciando muchas cosas que están ocurriendo en las universidades españolas actuales. A este tema le ha dedicado más atención que ningún otro pensador de nuestro país. Libros como La aurora de los enanos. Decadencia y caída de las universidades europeas (Madrid, Foca, 2007), La fábrica de la ignorancia. La universidad del «como si» (Madrid, Akal, 2009), Héroes de la Innovación. Romancero de Bolonia (con ilustraciones de Santiago Jiménez, Santiago de Compostela, Andavira, 2010), La maquinación y el privilegio. El gobierno de las universidades (Madrid, Akal, 2011), La consagración de la mentira. Entre la realidad y el silencio (Madrid, Siglo XXI, 2012) o La tentación del rey Midas. Para una economía política del conocimiento (Madrid, Siglo XXI, 2015) son una prueba manifiesta de que las consideraciones de este catedrático de Santiago de Compostela ni son de última hora ni son oportunistas ni son casuales sino que parten de un conocimiento exhaustivo de la Universidad y se vierten desde una perspectiva única. A esas publicaciones, nuestra recopilación de artículos aporta no sólo una actualización de todos los temas que se tratan en ellas sino también una forma más sintética, más directa, más informal y más accesible a los muchos y complejos problemas que se plantean en la Universidad.

portada-rectores-privilegiadosRectores y privilegiados. Crónica de una universidad no es, no obstante, un catálogo de corruptelas ni una lista de acusaciones. Se trata más bien del primer libro que aparece en nuestro país sobre una universidad por dentro, sobre los distintos ámbitos de una universidad concreta y real y, por ende, de la Universidad española actual, en su conjunto. Bermejo Barrera construye con él un fresco grande y único, riguroso pero accesible al gran público. En él, se hará referencia a muchos de los aspectos claves de la problemática universitaria actual y se ofrecerá una información amplia sobre numerosas cuestiones de las que, en la mayoría de los casos, apenas se habrían dado noticias hasta ahora.

Rectores y privilegiados contiene artículos publicados, a lo largo de los años, sobre todo en el diario El Correo Gallego, pero también en La Voz de Galicia o en la web http://firgoa.usc.es/. En ellos, aparecerán muchas referencias a la universidad de Galicia y, en particular, a la USC (Universidad de Santiago de Compostela). La combinación de artículos referidos a este caso concreto con otros de orden más general permitirá, sin duda, a quien se acerque a estas páginas, alcanzar una visión única sobre el asunto; a la vez, con el microscopio y con el telescopio, sin que ni una perspectiva ni la otra hagan decaer el interés o la importancia de cada artículo a la hora de configurar el contexto.

Como editor de estos textos, he tratado de darles una coherencia que sólo el lector juzgará si se ha conseguido o no. Asumo desde el principio y por completo toda la responsabilidad sobre cualquier disfunción que pueda presentarse en su estructura.

Si –para finalizar– hubiera de dar una buena razón para leer este libro, diría que sirve para que, en el futuro, –frente a muchas de las cosas que se están viendo y se van a ver a partir de ahora en el terreno universitario– nadie caiga en el desasosiego de mi afligido padre cuando, en 1989, se preguntaba: «¿Por qué nadie nos dijo nada?»

Pedro Piedras Monroy. Doctor en Geografía e Historia por la Universidad de Santiago de Compostela. Compagina su labor de traductor con sus estudios en el campo de la teoría de la historia.

 

 

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