La historia del té

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Desde su descubrimiento en Asia, el té no ha dejado de difundirse y aumentar su popularidad en todo el mundo. Sin embargo, la historia de esta bebida, conocida por reactivar la mente y el cuerpo, ha sido tumultuosa, pues ha precipitado revoluciones y causado guerras.

Descubrimiento del té

Se cree que el té lo descubrió en China, en 2737 a.C., el emperador Shennong. Mientras descansaba bajo un árbol de té, advirtió el aroma procedente de unas hojas que habían caído en una cazuela burbujeante. Intrigado por aquella fragancia, tomó un sorbo y el licor lo encontró refrescante.

cronologia-te-01Cultivo

En el 420 a.C., los monjes budistas zen de China usaban hojas de té para concentrarse en sus meditaciones. Cultivaban las plantas cerca de los monasterios, las procesaban hasta convertirlas en pasteles y las vendían. Con el tiempo, los agricultores aprendieron a cultivarlo y procesarlo y el consumo de té se convirtió en parte de la vida cotidiana.

rutas-comerciales-teRutas comerciales

La Ruta del Té y los Caballos, que aquí se muestra en rojo, se abrió con el fin de conectar China con Mongolia y el Tíbet. Los chinos se sirvieron de esta ruta para canjear té (prensado en tortas) por caballos fuertes, que ellos necesitaban para el transporte y la guerra.

Invasión mongola

Los mongoles invadieron China en 1271, e instauraron la dinastía Yuan (1271-1368). Como los mongoles no estaban interesados en el refinado estilo de la cultura china del té y preferían su propia forma rústica de preparación, la cultura del té indígena china comenzó a desaparecer. Cuando la dinastía Ming (1368-1644) llegó al poder, los estilos de procesamiento del té evolucionaron desde la forma de ladrillo prensado a la hoja suelta

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Locura por el té

En el siglo XVI, los portugueses fueron los primeros europeos en beber té, pero fueron los holandeses los que lo hicieron popular. Estos se convirtieron en los mayores importadores de té, y lo comercializaron con otros países europeos. Debido a su alto precio, era una bebida exclusivamente para los ricos.

Compañía de las Indias Orientales

Creada en 1600 como una empresa privada, la Compañía Británica de las Indias Orientales llegó a controlar la mitad del comercio mundial. Aunque comenzó importando todo el té de China a Gran Bretaña, pasó a crear sus propias plantaciones de té para atender la gran demanda.

Dote de Braganza

En 1662, la princesa portuguesa Catalina de Braganza contrajo matrimonio con el rey inglés Carlos II. Su considerable dote incluía arcones llenos de té, por entonces ya una bebida popular entre la nobleza portuguesa, así como el puerto de Bombay, que se convertiría en el cuartel general comercial de la Compañía en el Lejano Oriente, lo cual les permitiría exportar té a todo el mundo. En esta época, en Inglaterra no se consumía mucho té, pero la afición de Catalina aumentó su popularidad.

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Té ruso

El té se introdujo en Rusia en 1638, pero sólo tras el establecimiento de la Ruta del Té y los Camellos pudieron los rusos contar con un suministro continuo

Comercio de contrabando

La alta fiscalidad impuesta al té en Gran Bretaña hizo del contrabando de té un negocio floreciente. El té se pasaba de contrabando desde Europa hasta Gran Bretaña a través de las islas del Canal y la isla de Man. Aunque el contrabando era un fenómeno muy extendido a comienzos del siglo XVIII, los contrabandistas individuales operaban a una escala muy reducida, utilizando pequeños botes, a veces incluso a remos, para transportar unos 60 arcones de té cada vez.

Colonias británicas

El té gustaba mucho en las colonias británicas en Norteamérica, a pesar de la alta fiscalidad. Como protesta contra la política fiscal británica sin representación, el 16 de diciembre de 1773 los colonos americanos vertieron un cargamento de té en el puerto de Boston. El «Tea Party de Boston» precipitó la Revolución americana (1775-1783).

Infiltración en China

Pese al descubrimiento de plantas de té indígenas en la India, la Compañía de las Indias Orientales prefería la planta de té china (var. sinensis). La variedad sinensis demostró ser mejor que la variedad assamica porque podía soportar el clima más frío y las altitudes más elevadas de Darjeeling. El botánico Robert Fortune fue enviado a las provincias interiores de China con la misión de obtener esquejes, semillas, y conocimientos. Durante su viaje (1848-1851), Fortune envió por barco semillas y almácigos a la India.

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Té para las masas

Durante la mayor parte del siglo XVIII, el precio del té en Gran Bretaña lo situaba fuera del alcance de las clases trabajadoras, pero con la reducción de los impuestos sobre el té en 1784 el gobierno acabó realmente con el contrabando del té y lo hizo accesible para la mayoría de la gente.

La clase trabajadora bebía un té de grado bajo y lo incorporó a su dieta diaria, servido con pan, mantequilla y queso. El té sustituyó a la cerveza, la bebida popular de la época, lo cual supuso una mejora en la salud física y mental de la población.

Cultivo del té en la India

Los largos plazos de entrega, los altos precios y los desequilibrios comerciales convencieron a la Compañía de las Indias Orientales de que, a fin de asegurarse un suministro constante de té, debían comenzar a cultivarlo en la India. Las primeras plantas se cultivaron en Assam, la India, en 1835, aunque pasó más de una década antes del que el té se cosechara a gran escala. En la década de 1870, en Assam y Darjeerling proliferaron jardines de té privados que proveían a Gran Bretaña de un té más barato, y más abundante, que el de los chinos.

Guerras del Opio

Mientras en la India se establecían jardines de té británicos, la Compañía de las Indias Orientales seguía comerciando con China. La Compañía de las Indias Orientales vendía opio, cultivado en la India, a los chinos a cambio de plata que estos emplearían luego para comprar té. En la década de 1820, la adicción al opio en China era generalizada, lo cual llevó al gobierno chino a ilegalizar su consumo. Como el comercio de opio no cesó a pesar de estas prohibiciones, entre 1839 y 1860 China y Gran Bretaña libraron dos Guerras del Opio.

porcelanaPorcelana

En el siglo XVIII, los artesanos europeos habían perfeccionado el proceso de fabricación de porcelana, un negocio que en Europa e Inglaterra experimentó un auge a mediados del siglo XIX debido al enorme crecimiento en la demanda de juegos de té.

Té en el mar

Durante la primera mitad del siglo XIX, los barcos tenían que doblar el cabo de Buena Esperanza, en África, para llegar a Gran Bretaña y los EEUU. El diseño bajo y elegante y el aparejo de formas geométricas del clipper ayudaron a que se alcanzaran los 20 nudos por hora, con lo cual el té llegaba a puerto en la mitad de tiempo que con los barcos antiguos. El Cutty Sark fue uno de los últimos buques que transportó té hasta 1877.

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El Canal de Suez

La apertura del canal de Suez en 1869 hizo económicamente viable la travesía de los barcos a vapor desde los países productores de té en Oriente hasta Europa y los Estados Unidos. La superioridad en velocidad y capacidad de carga de estos vapores hizo que por primera vez los mercados occidentales pudieran tomar té fresco.

Tés indios

En la segunda mitad del siglo XIX, las plantaciones de té prosperan en la India, donde durante el reinado de la reina Victoria (1837-1901) cada año se desbrozan nuevos terrenos. La India producía excelentes tés negros que gozaban de una fuerte demanda en Europa, Australia y Norteamérica.

La pausa para el té

Con la Revolución industrial a finales del siglo XIX, los trabajadores fabriles tenían que soportar largos turnos. Los empresarios comenzaron a dar té gratuito a sus trabajadores para las pausas de media mañana y por la tarde; esta costumbre se conoció como «la pausa para el té». Con el tiempo, los criados domésticos comenzaron a recibir complementos en té.

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Bloqueo del té Antes de la Segunda Guerra Mundial, los tés verdes chinos y japoneses constituían el 40 por 100 de todo el té consumido en Norteamérica.

Segunda Guerra Mundial

El té desempeñó un papel clave en el mantenimiento de la moral británica durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque a los civiles se racionó a 56 g por persona y semana, las tropas y los servicios de emergencias recibían té extra.

Cuando las rutas marítimas a Norteamérica quedaron bloqueadas por la guerra, a través del Atlántico sólo se podía transportar té negro. Al final de la guerra, los norteamericanos habían dejado de beber té, un consumo que tardó mucho en recuperarse.

teteraTé de la tarde

Hacia finales del siglo XIX, el té de la tarde se convirtió en un ritual en Inglaterra tanto en la clase media como en la aristocracia.

Las damas entretenían a sus amigos invitándoles a un té en su casa y se ponían vestidos más informales y sin corsé. Las tiendas del té abrieron en las calles principales y se convirtieron en lugar de encuentro de las primeras sufragistas.

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