Cultura y literatura en Francia durante la segunda mitad de siglo XIX

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Tras el fracaso de la Revolución de 1848 y la instauración del régimen autoritario de Napoleón III (el Segundo Imperio), se diluyen los ideales de la segunda generación romántica. Cunde el escepticismo y el desengaño entre los escritores; desaparece el concepto de que la literatura tiene la función social de contribuir a una sociedad más justa. Sólo Victor Hugo, desde el exilio, mantiene una actitud combativa: en 1853 publica Los castigos, libro de poemas donde denuncia el régimen napoleónico y exalta los derechos humanos.

En este periodo se consolida el capitalismo industrial. La burguesía se repliega hacia posiciones más conservadoras y promueve un arte más acorde con sus valores, muy alejados de la imaginación y el idealismo románticos. Desde el punto de vista ideológico, domina el positivismo, que defiende la experiencia y la verificación empírica como única forma de conocimiento; para su fundador, Auguste Comte, la humanidad, después de las etapas teológica y metafísica, ha llegado a su última y definitiva: la etapa científica.

Se produce en esta segunda mitad de siglo un entusiasmo por los avances técnicos y una «fe» en la ciencia como motor del progreso social que vista desde hoy resulta un tanto ingenua. En la misma línea de la filosofía positivista están el método experimental de Claude Bernard, que establece la teoría del determinismo biológico como explicación de la conducta humana, y las investigaciones de Gregorg Mendel sobre la herencia genética. Por su parte, Charles Darwin expone en El origen de las especies (1859) la teoría de que la evolución de las especies está condicionada por la selección natural. El espíritu científico llega también a las humanidades: Marx intenta una explicación científica de la sociedad y de la historia, el materialismo dialéctico e histórico, que pudiera servir de base para interpretar el mundo y transformarlo.

En el plano artístico esta mentalidad se manifiesta en el Realismo, que pretende reflejar con precisión y método casi científico la nueva sociedad burguesa. En la pintura, la técnica realista de pintores paisajistas (Corot, Courbet) deja paso en el último tercio de siglo al impresionismo (Monet, Manet, Renoir…), que busca reproducir en el cuadro la impresión directa de la naturaleza.

En la literatura, el dominio de la novela realista, y su derivación, la novela naturalista, se extiende hasta finales de siglo. La novela realista, iniciada por Balzac y Stendhal en la época de plena vigencia del Romanticismo, se consolida en 1857, con la publicación de Madame Bovary, de Flaubert, que en 1869 edita La educación sentimental, considerada por muchos su mejor novela. Frente a la aspiración a la fantasía y la imaginación de la novela romántica, el escritor realista pretende, mediante un proceso de observación y documentación, retratar la sociedad con exactitud y objetividad. El estilo abandona los excesos retóricos del Romanticismo y se hace sencillo y directo; la temática sentimental es sustituida por asuntos derivados de la mentalidad burguesa (las relaciones sociales, el poder, el dinero…); los héroes dejan paso a las personas corrientes y representativas de la vida contemporánea; los ambientes exóticos y medievales, al mundo circundante y cotidiano. A través de argumentos verosímiles, y sin renunciar al análisis psicológico, la novela realista aspira a reflejar los problemas sociales e ideológicos de la época.

Hacia 1880 surge la novela naturalista, un intento de explicar la realidad de manera científica. Su principal impulsor fue Émile Zola, para quien la novela es, además de observación, experimentación. Partiendo de las teorías de Taine y Bernard, Zola lleva a sus obras una concepción determinista: el carácter y la conducta del hombre están condicionados por factores fisiológicos y ambientales. El novelista no debe limitarse a observar: debe poner de manifiesto los mecanismos psíquicos de los personajes, para crear una novela científica y experimental que explique las leyes que determinan el comportamiento humano, del mismo modo que la ciencia investiga las que determinan los hechos físicos. Para este fin, escribe largas novelas en las que los casos particulares se insertan en una cadena familiar, o busca sus personajes en los ambientes sórdidos, donde puede demostrarse mejor la influencia en el individuo de los factores ambientales.

Cultivado por Zola y otros escritores (entre los cuales destaca Guy de Maupassant), el Naturalismo tuvo una vida corta. Hacia 1891 puede considerarse finiquitado.

La poesía inicia en esta segunda mitad de siglo un nuevo periodo que se ha dado en llamar «tercer Romanticismo» o «Posromanticismo». El abandono de la vida política y social provoca en los autores románticos un proceso de interiorización que se traduce en una poesía libre del efectismo, los excesos retóricos y el tono declamatorio anteriores. Publican entonces las que han sido consideradas sus mejores obras. Entre ellas, Las contemplaciones (1856), de Victor Hugo, se ha señalado como obra clave en la evolución del Romanticismo hacia una nueva estética precursora de las nuevas tendencias de finales de siglo. Influido por la afición que sintió durante un tiempo por el espiritismo, este libro es la culminación de su poesía cósmico-teológica, «visionaria», que enlaza con los simbolistas, especialmente con Rimbaud.

Entre las nuevas tendencias se encuentra el Parnasianismo. Iniciado por Téophile Gautier, este movimiento (que toma su nombre de la revista Le Parnasse Contemporain) propugna una poesía esteticista, cuya única finalidad debe ser la creación de belleza. Sus principios estéticos eran coherentes con la concepción burguesa del arte y por ello fueron bien recibidos por la cultura dominante. Se rechaza la idea romántica de la trascendencia social; el artista se despega de la realidad y se refugia en una «torre de marfil» que lo aleja de la vulgaridad. Se defiende el distanciamiento y la frialdad: el poema no es, como en la concepción romántica, expresión del yo ni resultado del genio o la inspiración, sino un objeto artístico producto de la técnica y también de la fantasía con la que el poeta se evade de la realidad. La fantasía lo lleva a la recreación de ambientes refinados llenos de belleza y sensualidad: lugares lejanos y aristocráticos (Oriente, la Grecia clásica, la Edad Media, palacios), princesas, trovadores, personajes fantásticos y mitológicos, animales exóticos, piedras preciosas… El lenguaje es muy cuidado, lo mismo que la métrica; se busca la musicalidad y el ritmo. Además de Gautier, fueron figuras destacables del Parnasianismo Leconte de Lisle y Banville.

Otro poeta importante en la superación del Romanticismo fue Charles Baudelaire. Ejemplo del «poeta maldito» por su vida intensa y bohemia, coincide con los parnasianos en la crítica del lirismo fácil y ampuloso del Romanticismo, y reivindica el papel de la técnica y el de la imaginación en la creación poética. Pero, frente al formalismo parnasiano, para él la poesía ha de ser íntima y emotiva. En 1857 publicó la primera versión de Las flores del mal, que fue secuestrada por su supuesta inmoralidad e irreverencia religiosa (posteriormente, en 1861, el libro se reeditó con 35 poemas nuevos). El uso de la sinestesia y de la correspondencia simbólica entre los elementos de la realidad lo acercan a los poetas simbolistas. Además de la revolución que supuso Las flores del mal, inaugura, con otra obra suya (Pequeños poemas en prosa), el poema en prosa, que será utilizado por los grandes poetas posteriores.

El Simbolismo supone una reacción contra el espíritu positivista y burgués y recupera algunos principios del Romanticismo. Vuelve a dar primacía al yo, expresado ahora no de manera directa, sino a través de símbolos y correspondencias con el paisaje; de este modo, la naturaleza cobra de nuevo importancia como representación de las inquietudes y sentimientos del poeta. Rechaza, por tanto, el puro esteticismo, el «arte por el arte», del movimiento parnasiano. La obra de los poetas simbolistas (Verlaine, Mallarmé, Rimbaud, Lautréamont) ha sido considerada como iniciadora de la poesía moderna y antecedente inmediato de los movimientos vanguardistas del primer tercio del siglo XX.

Los simbolistas representan la culminación de un proceso de renovación de la poesía que había comenzado a principios del siglo con el fin del clasicismo. Victor Hugo participó en casi todas sus etapas: abanderado del Romanticismo, evolucionó después del fin de este movimiento para convertirse en precursor de las últimas tendencias. Poeta muchas veces prolijo y excesivo (se ha afirmado que harían falta diez mil versos suyos para encontrar trescientos de los mejores de la lengua francesa), de él dijo el novelista André Gide que era el mejor poeta en lengua francesa «por desgracia», y destacó su capacidad de creación de imágenes y símbolos, su dominio de la musicalidad y el ritmo y su maestría en el manejo de la sintaxis.

El texto de esta entrada es un fragmento del estudio preliminar, escrito por Martín Garcia González, de la edición de “El último día de un condenado a muerte. Claude Gueux ”  de Victor Hugo publicada en  Akal.

“El último día de un condenado a muerte. Claude Gueux ” – Victor Hugo – Akal

 

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