Haworth Cumbres borrascosas hoy

80 años después, The New York Times va al pueblo de Cumbres borrascosas

¿Cómo es ochenta años después el pueblecito donde se desarrolla la historia de una novela mítica de la literatura, el pueblo en el que se crió la autora?

De eso va el amplio reportaje de The New York Times titulado “Lo que el escenario de Cumbres borrascosas nos dice sobre el Reino Unido actual”.

En Haworth, en el condado de Yorkshire del Oeste, Emily Brontë escribió Cumbres borrascosas, allí crecieron las hermanas Brontë. Y allí se desarrolla la apasionada y destructiva relación entre Heathcliff, un huérfano adoptado, y Catherine Earnshaw, su alma gemela en los páramos de Yorkshire.

Hoy viven en esa localidad algo más de seis mil personas, pero cuando se publicó la novela no llegarían a 2.500.

Dice The New York Times que, “al igual que en 1847, cuando se publicó el libro, la región ofrece una ventana a los duros contrastes y luchas económicas que desafían al Reino Unido. Ahora, como entonces, el cambio social y demográfico, el aumento de los precios de los alimentos y la creciente desigualdad de la riqueza impulsan movimientos políticos populistas, llamamientos a la reforma y espasmos de agitación”.

El reportaje también cita la ciudad Bradford, esta ya con unos 300.000 habitantes, a 13 kilómetros de Haworth. Allí, el padre de Emily, Patrick, ejercía de sacerdote anglicano.

Patrick Brontë, quien emigró de Irlanda, fue objeto de insultos por su nacionalidad y su acento. Cientos de miles de inmigrantes irlandeses llegaron a Inglaterra, sobre todo tras la devastadora hambruna de la década de 1840, y muchos encontraron trabajo en las ciudades de Bradford, Leeds y York, en el norte.

A mediados del siglo XIX, Bradford era un centro rico y de rápido crecimiento de fabricación textil, hogar de poderosos legisladores parlamentarios y destino de turistas y comerciantes.

En los años de Cumbres borrascosas, Bradford era un símbolo del brío industrial de Inglaterra. Las fábricas impulsadas por vapor la convirtieron en la capital mundial de la lana, transformando a sus propietarios en una nueva élite adinerada y creando una clase trabajadora empobrecida.

Pero ahora ha llegado la crisis industrial y avanza la pobreza y la frustración.

Hoy casi toda la riqueza y el poder de la ciudad se ha evaporado. La industria de la lana cayó víctima de la globalización, con el cambio a una fabricación más barata en Asia y el auge de los tejidos sintéticos producidos en masa.

Bradford tiene el doble de personas desempleadas que el promedio nacional. El 40 por ciento de los niños viven en la pobreza.

Mucha gente cree, erróneamente, -dice The New York Times– “que las hermanas Brontë crecieron en un lugar remoto y atrasado”, pero no era así.

“Haworth tenía 13 pequeñas fábricas textiles en la zona cuando Patrick Brontë fue nombrado coadjutor en 1820. El pueblo tenía su propio cirujano, un comerciante de vinos, un relojero y tres ebanistas. Sin embargo, estaba sobrepoblado y las condiciones sanitarias eran primitivas. Un informe de 1850 reveló que más de dos de cada cinco niños morían antes de cumplir 6 años, y la esperanza promedio de vida era inferior a 26”. En ese microcosmos se desarrolla la novela de Brontë.

Mientras Bradford lucha ahora económicamente, Haworth se convirtió en un destino para los aficionados a la literatura de todo el mundo, ejemplificando el valor del patrimonio británico para su industria turística, que emplea a más de un millón de personas y aporta más de 100.000 millones de dólares al año a la economía.

El edificio de la antigua escuela de Haworth, recientemente reformado, es donde Charlotte Brontë, la hermana mayor de Emily y autora de Jane Eyre, celebró su boda en 1854. Calle abajo, los turistas pasan tranquilamente por la casa de las Brontë que ahora es un museo.

Probablemente hoy los criterios victorianos sobre moralidad, religión, clase, desigualdad de género que sufrió la autora de Cumbres borrascosas, afortunadamente, no estén vigentes, pero  parece que hay algo que sigue constante en Bradford y Haworth, el desempleo juvenil.

En 1839, cuando Emily Brontë tenía 21 años, los cuatro hijos Brontë que habían alcanzado la edad adulta estaban desempleados y vivían en casa de su padre en Haworth. En los años siguientes, Branwell, el hermano de Emily, conseguiría —y perdería— un trabajo en la nueva línea de ferrocarril entre Leeds y Manchester, mientras que las hermanas trabajarían durante temporadas como institutrices, soportando la nostalgia y a veces los maltratos para pagarse sus gastos.

Quién sabe cómo sería Cumbres borrascosas, esa historia de amor más hermosa y profundamente violenta de todos los tiempos, según se ha calificado, si Emily Brontë la escribiera ahora, en 2026.

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