CUMBRES BORRASCOSAS

Cumbres Borrascosas: pasión, oscuridad y la obra maestra de Emily Brontë

Antonio Ballesteros González

Publicada en 1847, Cumbres Borrascosas sorprendió al mundillo literario británico, que la consideró una narración violenta y excesivamente “masculina”. Firmada con el apodo de Elis Bell, poco podían imaginarse los críticos del momento que la obra había sido escrita por Emily Brontë, una jovencita de carácter tímido a la par que enérgico que vivía en Haworth, una pequeña población situada en los lejanos páramos de Yorkshire, en el norte de una Inglaterra que en aquel momento comenzaba a industrializarse de manera vertiginosa. Componente de una familia pródiga en artífices literarias, junto a sus hermanas Charlotte y Anne, y a la sombra trágica de su hermano Branwell, artista frustrado, Emily había dado a la imprenta uno de los clásicos de fama más imperecedera de la historia literaria universal.

La trama narrativa pivota en torno a la dualidad: dos partes, dos casas, dos familias, dos generaciones, dos tipos de paisaje dentro de los páramos, dos narradores…, y todo ello centrado en el enigmático personaje de Heathcliff, trasunto del héroe romántico byroniano, un emblema de alteridad, el huérfano de rasgos gitanos recogido por Mr. Earnshaw en el puerto de Liverpool, desde donde partían y adonde llegaban los barcos procedentes de los exóticos enclaves comerciales del Imperio Británico. La irrupción del elemento externo en la familia Earnshaw y en el contexto del aislado lugar vendrá a trastocar el estatus quo, desencadenando un laberinto de pasiones desde la etapa infantil, con la alianza entre Heathcliff y la joven Cathy, un vínculo que desafiará los intereses de otros miembros de la familia y que trascenderá los usos amorosos imperantes en la Inglaterra victoriana.

La novela se desarrolla en un microcosmos en el que la naturaleza se identifica irremediablemente con los poderosos y tormentosos sentimientos de Heathcliff y Cathy, desatados hasta el paroxismo en el caso del primero cuando ve frustrados sus anhelos de permanecer unido a su amada mediante un enlace convencional. Los impulsos extremos de Heathcliff se ven correspondidos por la furia de los elementos naturales, reflejo de su tortuosa psicología. La atracción idealizada de Heathcliff como personaje “romántico” oculta en ocasiones su dimensión más oscura, que deriva en no pocas ocasiones hacia la violencia de género.

Todos los personajes femeninos de la novela se ven sometidos en uno u otro momento a la actuación iracunda y despótica de Heathcliff, prisioneras en el ámbito doméstico de Cumbres Borrascosas y la Granja de los Tordos, mansión de la familia Linton. La pasión de Heathcliff se desbordará con la desaparición de su idolatrada Cathy, propiciando un trato violento para con los personajes de la segunda generación, en una segunda parte general e injustamente omitida de las versiones cinematográficas que han pretendido recoger y plasmar en imágenes la insólita y singular belleza de la narración.

Con su extraordinaria representación de acontecimientos extraños y episodios sobrenaturales, Cumbres Borrascosas es también epítome de la literatura gótica que, derivada de su primera etapa de creación en las postrimerías del siglo XVIII y los albores del XIX, eclosionaría de nuevo con creciente vigor en la época victoriana, tan pródiga en fantasmas, vampiros, y otras criaturas monstruosas y nocturnales.

Margot Robbie y Jacob Elordi protagonizan una de las historias de amor más turbulentas de la literatura en ‘Cumbres borrascosas‘,

Convertida en icono de la cultura popular, Cumbres Borrascosas ha contribuido de manera ingente a la mitificación del universo conceptual de las hermanas Brontë, encauzándose en diferentes medios, como las adaptaciones fílmicas, las series televisivas, las precuelas y secuelas literarias, y otras manifestaciones culturales que la han convertido en objeto de culto. La cuidada edición de la profesora Janet Gezari, traducida fielmente por Lucía Márquez de la Plata y publicada por Akal en su magnífica colección de ediciones anotadas, constituye un hito no solo para la lectura y el conocimiento profundo de la obra de Emily Brontë, sino también para el disfrute y el deleite que propicia la conjunción del texto con las ilustraciones que lo complementan.

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