Pascual Serrano
Todos conocemos a Miguel Hernández. Sabemos que nació en Orihuela, que fue pastor, que murió en una prisión franquista, y que era de izquierdas y comprometido con los más humildes. Su poesía la popularizó Joan Manuel Serrat y no existe instituto donde no enseñen a los jóvenes su trabajo.
Hay publicadas varias biografías del poeta y, por supuesto, recopilatorio de sus poesías, pero en ninguna como la de Mario Amorós se explica con tanto rigor y detalle su vida y el conjunto de su obra literaria.
También en este libro encontramos los detalles de su infancia y juventud, su papel en el frente en la guerra civil, los procesos de elaboración de sus obras. Un poeta en la historia. Vida de Miguel Hernández, es el trabajo realizado por Mario Amorós, donde confluyen el rigor del historiador, el sexto sentido del periodista y, por qué no decirlo, el corazón del camarada.
Hablamos con Amorós de su libro y del poeta.
¿Por qué elegiste a Miguel Hernández para tu nueva biografía?
Ciertamente, me he especializado en el género biografíco, con trabajos publicados ya sobre Dolores Ibárruri, Salvador Allende, Víctor Jara, Pablo Neruda, el sacerdote valenciano Antonio Llidó (desaparecido en 1974 en Chile) o el dictador Augusto Pinochet.
Durante un tiempo dudé en emprender una biografía de Miguel Hernández porque ya disponíamos de los excelentes libros de José Luis Ferris, Eutimio Martín y Agustín Sánchez Vidal. Finalmente, consideré que, por el trabajo de investigación histórica que podía desarrollar, sería capaz de ofrecer una mirada diferente y también luces nuevas sobre el poeta. De hecho, esta es la primera biografía que dedica un amplio epílogo (cuarenta páginas) a explicar cómo Josefina Manresa, con la ayuda invaluable sobre todo de Vicente Aleixandre, logró proteger su legado literario y cómo se fue gestando la recuperación de su figura desde los años más sombríos de la dictadura hasta su impresionante vigencia actual.
He intentado escribir una biografía total, que comienza con su nacimiento en aquella Orihuela de 1910, en el seno de una familia dedicada a la actividad ganadera, y concluye no con su muerte, sino con este epílogo que llega hasta la actualidad, en el que hablo de la universalidad que su persona y su obra han conquistado.
Junto con el relato de los avatares de su vida, expongo también cómo y cuándo empezó a escribir sus primeros poemas y dedico un amplio espacio a la gestación y recepción de los cuatro poemarios que llegó a definir (Perito en lunas, El rayo que no cesa, Viento del pueblo y El hombre acecha), el que quedó como un proyecto inconcluso (Cancionero y romancero de ausencias), sus seis obras de teatro (desde el auto sacramental de 1934 a Pastor de la muerte, de 1937) y sus artículos en prosa. También me detengo en los amplios conjuntos que entonces quedaron excluidos de su obra publicada, como la poesía religiosa que incluyó en la revista El Gallo Crisis, que dirigió Ramón Sijé, las diferentes versiones de El silbo vulnerado y las composiciones que reflejan su metamorfosis estética e ideológica desde la primavera de 1935, con especial atención a la influencia de Raúl González Tuñón, Vicente Aleixandre y Pablo Neruda.
Y voy citando la opinión y el análisis sobre su obra de los grandes especialistas: Juan Cano Ballesta, José Carlos Rovira, Carmen Alemany, Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia, Agustín Sánchez Vidal, José María Balcells, Luis García Montero…

¿Qué crees que aportas en tu biografía de Miguel Hernández que no existía en las anteriores?
Esta es la primera biografía del poeta oriolano escrita por un historiador. Se apoya, por tanto, en un minucioso trabajo con documentación procedente de muchos archivos de España y varios de Chile, en una relación amplísima de publicaciones periódicas y científicas de numerosos países y en la revisión y lectura de una bibliografía de proporciones oceánicas.
Junto con su Legado Literario, depositado en el Instituto de Estudios Giennenses y en el Museo Miguel Hernández-Josefina Manresa de Quesada y digitalizado, una mención muy especial merecen los fondos que consulté en la Biblioteca Pública del Estado en Orihuela “Fernando de Loazes”, en su invaluable Sección Hernandiana, que incluye miles de documentos bibliográficos y hemerográficos cedidos por la Fundación Cultural Miguel Hernández.
Asimismo, destaco el dossier sobre el poeta que se conserva en el Archivo General Militar de Ávila del Ministerio de Defensa, relacionado con la conmutación de su pena de muerte por treinta años de cárcel, al que me referiré después. Hasta ahora no se había citado en ningún trabajo sobre Miguel Hernández, aunque no es una documentación inédita en el sentido estricto de la palabra, puesto que fue empleada como material auxiliar en unas jornadas sobre memoria democrática organizadas por CCOO en Ávila en septiembre de 2023 y está disponible en la página web de la Fundación Jesús Pereda de CCOO de Castilla y León.
En varias ocasiones has señalado el valor novedoso que el Fondo Documental Germán Vergara Donoso del Archivo Nacional de Chile ha dotado a tu biografía. ¿Puedes explicar esto?
Por primera vez, en una biografía de Miguel Hernández se emplea un acervo imprescindible para relatar sus tres últimos años de vida: el Fondo Documental Germán Vergara Donoso del Archivo Nacional de Chile, en concreto los volúmenes 16-22, que suman casi cuatro mil páginas e incluyen las cartas de Hernández a Vergara Donoso que descubrí en 2015, cuando preparaba mi biografía de Pablo Neruda. Entonces entregué estas misivas a la familia de Miguel Hernández y, con su autorización, las di a conocer en un reportaje en la desaparecida revista Tiempo.
Además, en este Fondo se conservan los informes reservados que Vergara Donoso remitió al Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile en relación con sus gestiones en favor de Miguel Hernández y también su correspondencia con jerarcas de la dictadura como Rafael Sánchez Mazas: esta documentación es absolutamente inédita.
Tú tienes una posición política definida, ¿crees que eso puede suponer un prejuicio a la hora de preparar una biografía?
Espero que no sea percibido así. Todas mis biografías se nutren de un esfuerzo concienzudo de investigación histórica en archivos de varios países y en la revisión de una bibliografía enorme. Cada afirmación, tesis o hipótesis que planteo se asienta en un respaldo documental y, por tanto, pueden estar sometidas a debate, pero no a descalificación producto de mi militancia política. Por otra parte, esta pregunta solo nos la hacen a los investigadores de izquierdas; los de derechas o conservadores son, por supuesto, “objetivos”, “neutrales” y, por si fuera poco, “desapasionados”.
El régimen franquista reconoce que había condenado a muerte a Miguel Hernández por “hechos” de “escasa trascendencia”. ¿Cuáles eran esos hechos?
Tras la instrucción del procedimiento sumarísimo de urgencia 21.001 por parte del titular del Juzgado Militar de Prensa, Manuel Martínez Gargallo, el 18 de enero de 1940 un consejo de guerra en Madrid condenó a Miguel Hernández a la pena capital. El 30 de enero, el auditor de Guerra de la Primera Región Militar aprobó la sentencia y, por tanto, solo faltaba el “enterado” del dictador, como en toda pena de muerte, para que fuese conducido al paredón. Además, este auditor dirigió un escrito (obviado hasta ahora y que se conserva en el Archivo General Militar de Ávila) al ministro del Ejército, el general José Enrique Varela, para comunicarle la sentencia, indicarle que ya era firme y sugerirle que desaconsejara la conmutación de la pena capital.
No obstante, unas semanas antes, gracias a las gestiones de José María de Cossío y de Germán Vergara Donoso, el intelectual falangista Dionisio Ridruejo (jefe nacional de Propaganda de los facciosos durante la guerra) había sugerido a los ministros José Ibáñez Martín y Rafael Sánchez Mazas la conmutación de la pena capital aduciendo que el fusilamiento de Miguel Hernández podría tener un impacto semejante al del asesinato de Federico García Lorca en el verano de 1936 y dañar aún más la imagen internacional del régimen.
El 27 de abril de 1940, Miguel Hernández expresó por carta a Vergara Donoso que le suponía al corriente de las gestiones para la conmutación de la pena capital, consciente también de cuál era su situación: “Confío en una feliz solución. Y, si esta no llegara, confío en mí, que es lo que no puedo dejar de hacer nunca”.
Germán Vergara Donoso, diplomático de carrera, había llegado a Madrid a fines de mayo de 1939 como encargado de negocios de la legación chilena, a la espera de la designación de un nuevo embajador. Era un hombre conservador, pero alejado del fascismo (como expresó en una carta a un amigo), que permanecería en España hasta 1944. Solo vio a Miguel Hernández una vez en su vida, el 15 de septiembre de 1939, cuando le visitó tras quedar en libertad debido a las gestiones de Cossío y a una cadena de errores en la burocracia de la represión. Pese a ello, periódicamente envió ayuda económica a su esposa, Josefina Manresa, y también a él, así como alimentos. Tuvo un comportamiento admirable con el poeta, que sería detenido de nuevo, en Orihuela, el 28 de septiembre de 1939, que no ha sido suficientemente reconocido hasta el momento.
En el Fondo Documental Germán Vergara Donoso del Archivo Nacional de Chile también se conserva un intercambio epistolar, hasta ahora inédito, entre este diplomático y Rafael Sánchez Mazas, dirigente de Falange y ministro sin cartera del Gobierno de la dictadura. El 25 de mayo de 1940, Vergara Donoso solicitó a Sánchez Mazas que interviniera para lograr la conmutación de la pena de muerte del poeta. Cuatro días después, este le respondió que reiteraría sus gestiones en este sentido e incluso que escribiría a Miguel Hernández, a quien había conocido antes de la guerra, posiblemente en el círculo de la revista Cruz y Raya. Si existió, esta misiva no se ha conservado.
La conmutación de su pena de muerte por la inmediata inferior (treinta años de cárcel) se tramitó a través del Ministerio del Ejército. Así, un documento del 4 de junio de 1940 del departamento de Asesoría y Justicia de este Ministerio (ausente en los estudios sobre el poeta hasta ahora y que se conserva en el Archivo General Militar de Ávila) admitió que había sido condenado a muerte por “hechos” de “escasa trascendencia” y por esa razón acordaba la conmutación de la pena capital. Y entre esos “hechos” se mencionaba su condición de miliciano y de escritor al servicio de la defensa de la República.
Después de haber revisado los dos procedimientos judiciales que la dictadura instruyó contra el poeta y sus expedientes de las diferentes prisiones donde estuvo recluido desde mayo de 1939 hasta su muerte, que suman centenares de páginas digitalizadas, realmente me sorprendió el contenido de este documento, que solicité al citado Archivo por los cauces establecidos para los investigadores. Obviamente, soy consciente de la ilegalidad y de la ilegitimidad de la acción de los tribunales de la dictadura contra quienes defendieron la legalidad democrática de la Segunda República, así como de la magnitud y de la crueldad de la represión franquista.
No obstante, en este documento el régimen reconoció que había sido capaz de condenar a muerte a una persona a la que solo había imputado “hechos” de “escasa trascendencia”. Y, una vez admitido esto, la resolución, que ni Sánchez Mazas, ni Ridruejo cuestionaron, fue condenar al poeta a treinta años de cárcel, en las condiciones infrahumanas que sus prisioneros padecían. Así se lo informó el ministro del Ejército, José Enrique Varela, a Sánchez Mazas en una carta del 24 de junio de 1940.
¿Tú crees que se omite la vinculación comunista de Miguel Hernández? ¿Crees que hubiera sido más reconocido y difundido si no hubiera sido comunista?
Desde que en enero de 1992 el profesor Emilio La Parra encontrara su ficha de miliciano del 5º Regimiento en el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca la militancia del poeta en el PCE ya no puede ponerse en duda, como sucedió hasta entonces de manera recurrente.
A partir de septiembre de 1936, cuando da el paso y se une como miliciano a la defensa de la República e ingresa en el Partido Comunista, es imposible separar su figura y una buena parte de su producción poética, en prosa y teatral de su compromiso político.
La dictadura franquista condenó su obra al silencio y la censura, pero poco a poco se recuperó su figura y su poesía acompañó la larga y dura lucha por la libertad, también desde la voz de Paco Ibáñez, Joan Manuel Serrat, Enrique Morente o Alberto Cortez. Hoy son incontables las iniciativas que inspira y conmueve la emoción que su memoria despierta en tantas personas.
A cien años de la escritura de sus primeros versos, es un poeta reconocido, estudiado, leído y querido universalmente. Y su compromiso antifascista, desde la militancia comunista, ilumina los desafíos democráticos de nuestra época.
Es curioso que históricos poetas e intelectuales de la izquierda reivindicaban elementos que ahora parecen proscritos para algunas corrientes de la izquierda. Por ejemplo, en el caso de Miguel Hernández, estoy pensando en sus cantos a España, a la tauromaquia o a la familia. ¿Ha cambiado la izquierda? ¿nos ha arrebatado la derecha esos elementos?
Incluso un sector de la extrema derecha intenta reivindicar una parte de la poesía de Miguel Hernández. Pero, como sabemos, la extrema derecha es heredera de la dictadura que primero condenó a muerte a Miguel Hernández (y a miles de compañeros y camaradas de Miguel Hernández) y después lo condenó “a morirse” en la cárcel por su defensa de la República, de la democracia y de la libertad, durante la guerra.
Desde luego, escribió versos conmovedores dedicados a nuestro país, como “Madre España”, en enero de 1939, y cantó a la diversidad de los pueblos que lo integran en la epopeya de la lucha antifascista que exalta Viento del pueblo. El cariño a la tierra que nos ha visto nacer no es patrimonio, como pretenden, ni de la derecha, ni mucho menos de una extrema derecha que, por otra parte, no dudó en masacrar a una parte de la sociedad española para defender sus intereses de clase.
Miguel Hernández es uno de los poetas esenciales del siglo XX y forma parte de la Memoria Democrática de nuestro pueblo y del “hilo rojo” que trae al presente la historia de la izquierda. El PCE le rindió un cálido homenaje en 2010, con motivo del centenario de su nacimiento, con la presencia de su familia.