vientres de alquiler en Ucrania

Las mujeres ucranianas explican el mercado de bebés de los vientres de alquiler

Un anuncio para reclutar mujeres que acepten quedarse embarazadas para dar su hijo a quienes les hayan contratado muestra a una mujer obligada a decidir entre comprar leña para calentar su estufa o ropa para sus hijos. Otra campaña publicitaria realizada por la mayor clínica de subrogación de Ucrania, BioTexCom Centre for Human Reproduction, promocionaba una «oferta de Black Friday» en bebés por subrogación. Son dos ejemplos de cuál es la situación de los vientres de alquiler en Ucrania.

Los recoge un reportaje de la BBC que titulan así: “’Voy a tener tantos bebés como mi cuerpo aguante’: cómo la guerra empuja a las mujeres a convertirse en vientres de alquiler en Ucrania”. Se trata del testimonio de Karina, que ganará 17.000 dólares aproximadamente el doble del salario medio en Ucrania, aunque recibirá la mayor parte del dinero después de dar a luz.

Karina debía recibir 21.000 dólares, pero cuando uno de los gemelos que gestaba murió, su pago se redujo, tal como estipulaba su contrato.

A pesar de sus dudas iniciales, Karina ahora planea tener tantos bebés como madre de alquiler como su cuerpo le permita, para ahorrar y comprarse una vivienda.

Ya antes de la guerra, Ucrania era considerada el segundo mayor centro mundial de gestación subrogada comercial, solo por detrás de Estados Unidos.

Aunque el conflicto afectó significativamente a estas prácticas, expertos le han dicho a la BBC que casi han vuelto a los niveles anteriores a la guerra.

Este es el tema que analiza Elena Crespi en el libro El negocio de los bebés. La gestación subrogada.

Las historias y casos que la BBC cuenta en Ucrania confirman la tesis de Crespi. Que los contratos de vientres de alquiler, o gestación subrogada como ellos llaman, no consisten en un acuerdo libre y fraterno entre iguales para permitir que una mujer pueda ser madre gracias a la colaboración de otra. Se trata de mujeres pobres y necesitadas, que ponen en riesgo su salud para gestar un niño que será para otra familia a cambio de una remuneración económica. No hay altruismo, hay necesidad.

Según explica María Dmytrieva, activista por los derechos de las mujeres, «debido a la guerra, el número de mujeres desesperadas está aumentando, y las clínicas les ofrecen esta oportunidad porque parejas occidentales quieren comprar bebés baratos».

Los datos que presenta Elena Crespi son elocuentes. En 2023 este negocio generó 15,76 millones de euros para las empresas, y en 2031 se espera que llegue a 74,63 millones.

En Ucrania también dan testimonio de los casos de bebés abandonados tras el nacimiento cuando los padres biológicos cambian de opinión. El progenitor intencional, o sea quien paga por el embarazo, es legalmente responsable del bebé tras el nacimiento, y abandonarlo es ilegal por cualquier motivo. Pero en la práctica, la aplicación de la ley a través de las fronteras puede resultar difícil.

Recogen el caso de un niño que ahora tiene cinco años, que sufrió graves daños cerebrales tras nacer prematuramente en 2021. Su gestación fue organizada a través de una empresa de gestación subrogada. Actualmente vive en un hogar estatal para niños con discapacidad en Kiev. El niño no puede sentarse sin ayuda, sostener la cabeza ni ver correctamente, y necesitará atención constante durante el resto de su vida.

Después de conocer su estado, sus padres, procedentes de un país del sudeste asiático, decidieron no recogerlo. La madre gestante tampoco lo quiso, y según la ley ucraniana no tenía ninguna obligación legal con él.

La denuncia de que la gestación subrogada no es un acuerdo de libre elección para una de las partes lo aborda también Carmen Domingo en el libro Derecho a decidir. El mercado y el cuerpo de la mujer. La autora repasa en el libro tres situaciones: los vientres de alquiler (que hasta en la denominación es objeto de controversia), la prostitución y la vestimenta femenina.

Según Domingo, los defensores del comercio de niños o del comercio de sexo apelan a la libertad de comercio, a que las partes, contractualmente, pueden establecer los términos de intercambio que consideren oportuno. Pero no tienen razón. Las mujeres que aceptan gestar un niño para dárselo a otras familias que no pueden o no quieren sobrellevar un embarazo, ¿lo deciden libremente o lo hacen de forma altruista como afirman sus defensores? ¿Por qué siempre son mujeres pobres las embarazadas “altruistas” que ceden los bebés y siempre son familias adineradas del primer mundo las destinatarias del altruismo de las pobres? ¿Por qué no hay mujeres “altruistas” en el primer mundo, ricas o famosas?

Todas esas preguntas nos plantean Domingo y Crespi. Y el reportaje de la BBC sobre las mujeres ucranianas nos da muchas respuestas.

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