Billy el Niño se hacía llamar así porque se consideraba un pistolero

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Paco Lobatón nunca había relatado públicamente la detención que sufrió en 1972, cuando estudiaba Ciencias Políticas y militaba en la Liga Comunista Revolucionaria. Ni mucho menos las palizas y los malos tratos que sufrió a manos de los agentes de la Brigada Político-Social, singularmente de Billy el Niño. «Duro e inolvidable, pero casi anecdótico comparado con las torturas sufridas por decenas de compañeros», escribió a fines de diciembre de 2013.

El 26 de septiembre de 2013, ocho días después de que la jueza argentina María Servini de Cubría solicitara al Gobierno español la extradición de los cuatro policías franquistas, El Gran Wyoming, presentador del popular programa de televisión El Intermedio de La Sexta, entrevistó a Paco Lobatón, uno de los periodistas más conocidos de este país. Seguramente, muchos de quienes le escucharon aquella noche jamás habían conocido historias como la suya. «En los últimos meses los colegas de los medios de comunicación me han llamado para que cuente mi historia y como no quería fiarme solo de mi memoria hablé con Miguel Ángel Gómez, con Chato Galante y otros compañeros. Y, entonces, al revivir sus experiencias, que fueron más duras que las mías, tuve una conmoción emocional»

Originario de Jerez, donde nació en diciembre de 1951 en el seno de una familia conservadora, muy religiosa y de una adscripción incondicional al régimen franquista, se aproximó en su adolescencia a la Juventud Obrera Católica y a la Hermandad Obrera de Acción Católica. «Mi primera toma de conciencia, mi primer grado de compromiso fue en los ámbitos del cristianismo progresista.» Llegó a Madrid en el otoño de 1969 para estudiar Ciencias Políticas y su bautismo en la lucha antifranquista tuvo lugar con motivo del Proceso de Burgos, un año después. «De hecho, la primera vez que vi una manifestación como estudiante tenía relación con aquel consejo de guerra. Fue también mi primer motivo de movilización.»

Ya en la universidad, en el clima de efervescencia política y de lucha por la libertad, se unió a la Liga Comunista Revolucionaria. «Básicamente, mi actividad era como miembro del movimiento estudiantil, como un activista dentro de mi facultad, elegido como representante por mis compañeros de curso». Entre ellos estaba Marcel Camacho, el hijo de Marcelino, quien pertenecía al PCE.

«Siempre he puesto mucho énfasis en sostener que lo que ocurría entonces en el movimiento estudiantil en España era realmente importante y en términos absolutos incluso más radical que el Mayo francés, aunque obviamente este tuvo un glamour y una literatura fantástica», explica Paco. «Sin embargo, los estudiantes antifranquistas poníamos en juego mucho más, porque, por ejemplo, acciones como el boicot de exámenes implicaban que si, como era mi caso, te pagabas la carrera trabajando te jugabas el curso con el sacrificio personal que ello suponía. Pero si tus padres te pagaban los estudios, tenías que explicárselo también. Y, sobre todo, si te detenían ni te cuento… A mí me pasó todo.»

Un día de junio de 1972 fue detenido cuando se disponía a participar en una asamblea en su facultad para preparar acciones de protesta en respuesta al arresto de veinte estudiantes ordenadas por el presidente del Gobierno, el almirante Carrero Blanco. En la antesala del lugar de la asamblea, Billy el Niño, «una persona muy conocida en la facultad», le detuvo y, después de un forcejeo mutuo y de que desalojaran completamente la zona, desenfundó su revólver y le apuntó delante de los profesores y los estudiantes. Le condujo de inmediato hacia una «mini comisaría» que tenían allí mismo, donde le propinaron la primera paliza. «Hay que recordar que entonces la Brigada Político-Social estaba instalada en las facultades donde había un mayor activismo político. Tenían allí sus despachos, sus dependencias propias».

Después, en el trayecto en coche desde la Ciudad Universitaria hasta Sol le amenazó de muerte. «¡Para, que a este lo liquidamos aquí!», barruntó cuando divisaron el Parque del Oeste. En ese recorrido también le golpeó dentro del vehículo, a plena luz del día. «En el camino las heridas que me causó con una porra en el esternón hicieron que de oficio el médico de la Dirección General de Seguridad levantara un informe que luego sirvió de base para el juicio que le hicimos.» En 1974, González Pacheco fue condenado, junto con otros tres policías, por el Juzgado Municipal número 19 de Madrid a dos pequeñas multas por una falta de malos tratos y otra de coacciones a Paco Lobatón. «Algo inaudito en aquel momento», señala.

Era muy consciente de cuál era su destino: «Cuando veías que te acercabas a la Puerta del Sol ya te quedabas muy impresionado, pero sobre todo es que inmediatamente te metían en unos calabozos y estabas ahí 72 horas. En aquella época considerábamos el edificio de Sol como el epicentro de la represión».

En los interrogatorios a que le sometieron los agentes de la Brigada Político-Social intentaron que delatara a sus compañeros. «Querían ampliar las detenciones, identificar a dirigentes de la Liga. Ellos me catalogaban como un militante estudiantil, pero también me vinculaban con la LCR. Llevaba encima un papel doblado con un número de teléfono anotado y eso hizo que detuvieran a dos personas, las únicas que cayeron tras mi detención». También portaba una pequeña llave que hizo sospechar a los represores que conducía a algo clandestino. «Las mayores palizas las recibí cuando quisieron identificar su procedencia y me mantuve en sostener que lo desconocía. Esa fue mi gran victoria moral, porque era de una consigna de la estación de Atocha donde unos días antes habíamos guardado mucha documentación, incluyendo numerosos pasaportes de compañeros, después de tener que desalojar la casa donde vivía. Había una documentación valiosísima detrás de esa pequeña llave, pero nunca lograron llegar hasta la consigna.»

El paso del tiempo, nada más y nada menos que 42 años, han borrado de su memoria la identidad de los agentes de la Brigada Político-Social que le interrogaron. Sí recuerda perfectamente que Billy el Niño, un personaje «inolvidable» para quienes le sufrieron, fue el responsable principal de sus interrogatorios. Incluso, González Pacheco siempre hizo el papel de «poli malo» cuando algún otro intentaba engañarle con el rol del «poli bueno». «Como anécdota, te diré que al indicarles mi nombre completo, Francisco de Asís Lobatón Sánchez de Medina, el que hacía de poli bueno me dijo: “Pero, coño, con unos apellidos casi nobiliarios y subversivo…”»

Su descripción de González Pacheco coincide con la de sus compañeros: «Era un tipo bajito, incluso parece que no llevaba muy bien su propia estatura puesto que era conocido que utilizaba botas con alzas. Era un tipo que fanfarroneaba un poco con sus “funciones” y que respondía a la caricatura del pistolero del Far West. No es que le llamaran Billy el Niño, es que él se hacía llamar así porque se consideraba un pistolero. A veces se hacía acompañar de una forma descarada de los Guerrilleros de Cristo Rey para hacer incursiones amenazadoras en las facultades».

Paco Lobatón no sufrió los métodos de torturas más crueles que sí infligieron a muchos otros detenidos y nunca quedó inconsciente tras los apaleamientos. «Ellos apuraban hasta que me veían un poco al límite de mis fuerzas. Eran series muy intensas de golpes, verdaderas palizas que solo cesaban cuando valoraban que estaba en el límite y entonces me bajaban al calabozo.»

Le impusieron una multa gubernativa de ciento cincuenta mil pesetas y le pasaron a la jurisdicción de Orden Público. Estuvo un mes y medio preso en Carabanchel hasta que logró salir en libertad condicional. En el juicio le pidieron unos cinco años de cárcel bajo la acusación de atentado contra la fuerza pública (por el forcejeo que mantuvo con Billy el Niño), de desórdenes públicos (por el escándalo que se armó en la facultad en el momento de su detención), de asociación ilícita y no recuerda si también le imputaban el delito de propaganda. Con el recurso que presentó su abogado lograron rebajar la condena a dos años, pero como este periodo se unía al servicio militar decidió partir al exilio. Llegó a Suiza y allí obtuvo el reconocimiento como exiliado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Vivió en el país helvético casi tres años y regresó a España a fines de 1975, acogiéndose al indulto real.

El contenido de esta entrada está extraído del libro “Argentina contra Franco. El gran desafío a la impunidad de la dictadura” de Mario Amorós (el único libro que recoge los testimonios de los torturados por Billy el Niño).

Argentina contra Franco

portada-argentina-contra-francoLa Justicia argentina exige a España la extradición de varias personas implicadas en la represión franquista, en la única causa abierta hoy en el mundo por los crímenes de la dictadura. Este libro examina el origen y las perspectivas de la Querella Argentina y revela lo sucedido en el corazón de Madrid, en la mismísima Puerta de Sol. Allí estuvo la Dirección General de Seguridad, donde a lo largo de cuatro décadas los resistentes antifranquistas fueron torturados a manos de la siniestra Brigada Político-Social.

Argentina contra Franco rompe el pacto del olvido sellado en la Transición y da la palabra a diez personas que sufrieron el infierno de Sol. Su testimonio es capital para cuestionar una impunidad que ya dura casi 40 años.

Argentina contra Franco. El gran desafío a la impunidad de la dictadura – Mario Amorós – Akal

 

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