Europa y el mal ejemplo

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A comienzos del siglo xx muchos de los pilares que definían el progreso en Occidente y sus grandes logros se tambalearon: pensemos en la física con Einstein, Heisenberg o Bergson (ya no había regularidad ni uniformidad en la naturaleza, el tiempo y el espacio no eran lo que parecían; la materia estaba dominada por la indeterminación…); se hundió el Titanic, y con él la fe ciega en el progreso técnico; nacían las filosofías de la sospecha de Marx, Nietzsche y Freud y nada era lo que parecía, etc. Pero el seísmo que afectaba a Occidente no paró ahí. Otro epicentro surgía entorno a la Gran Guerra: las naciones más avanzadas del mundo, en nombre de la civilización, se enzarzaron en 1914 en un conflicto que, tras el apoyo inicial de muchedumbres, fue generando pesimismo y desengaño según se acumulaban los muertos.

portadaEn el caso de nuestro país el pesimismo era aún más oscuro: cierto es que España no participó en la contienda, pero la gran derrota de 1898 que supuso la pérdida de los últimos vestigios del imperio español, las derrotas de Cavite y Santiago, la vulnerabilidad de los soldados, el aislamiento político… quedando relegada a una potencia de tercera categoría. Pero ¿cómo fue asimilada la Primera Guerra Mundial en España? ¿Cómo la generación del 98 interpretó la contienda? ¿Qué lectura hicieron de Europa? Probablemente Maximiliano Fuentes Codera dé muestra de uno de los periodos más fructíferos en lo que respecta al pensamiento español en torno a Europa. En España en la Primera Guerra Mundial no solo se hace un diagnóstico de la situación en la que se encontraba España durante la Gran Guerra, sino que además se muestra el diagnóstico que los intelectuales de la época daban sobre la situación europea.

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