Los diez mitos de Israel por Ilan Pappé

La historia pervive en el núcleo de cada conflicto. Una comprensión fiel e imparcial del pasado ofrece una posibilidad de paz. La distorsión o manipulación de la historia, en cambio, sembrará por sí sola el desastre. como muestra el ejemplo del conflicto entre Israel y Palestina, una desinformación histórica, incluso del pasado más reciente, puede causar un daño tremendo. Este malentendido deliberado de la historia puede promover la opresión y proteger un régimen de colonización y ocupación. no es sorprendente, por tanto, que los planes de desinformación y distorsión se mantengan hasta el presente y jueguen un papel crucial en la perpetuación del conflicto, dejando muy pocas esperanzas para el futuro.

PALESTINA - ISRAELLas falacias construidas sobre el pasado y el presente de Israel y Palestina nos impiden entender los orígenes del conflicto. Mientras tanto, la manipulación constante de los hechos más relevantes funciona contra los intereses de todas las personas victimizadas por el continuo derramamiento de sangre y violencia. así las cosas, ¿qué se puede y se debe hacer?

El relato histórico sionista de cómo esa tierra disputada se convirtió en el Estado de Israel se basa en un conjunto de mitos que sutilmente arrojan dudas sobre el derecho moral de los palestinos a la tierra. La corriente dominante de las elites mediáticas y políticas occidentales acepta ese conjunto de mitos como una verdad incuestionable, y también como la justificación de las acciones israelíes durante los últimos sesenta años, poco más o menos. Y con mucha frecuencia, la aceptación tácita de esos mitos sirve como explicación de la inhibición de los gobiernos occidentales y de su negativa a intervenir de forma significativa en un conflicto que se mantiene desde la fundación de la nación.

 

Este libro desafía esos mitos que se presentan ante la opinión pública como verdades indiscutibles. Esas declaraciones son, a mi entender, distorsiones y falsificaciones que pueden y deben ser refutadas mediante un examen más detallado del registro histórico. El hilo común que corre a lo largo de este el libro es la yuxtaposición de las suposiciones populares y la realidad histórica. Situando cada mito frente a la verdad, cada capítulo expone las debilidades de la sabiduría convencional mediante un examen de las últimas investigaciones históricas.

El libro cubre diez mitos –o grupos de mitos– fundacionales, que son comunes y reconocibles para cualquier persona interesada de un modo u otro por la cuestión Israel-Palestina. Los mitos y los contraargumentos siguen un orden cronológico.

El primer capítulo presenta Palestina tal como era en vísperas de la llegada del sionismo a finales del siglo xix. El mito es la representación de palestina como una tierra vacía, árida, casi desértica, que fue cultivada, casi por vez primera, por los sionistas recién llegados. El contraargumento revela una próspera sociedad preexistente que experimentaba procesos acelerados de modernización y nacionalización.

El mito de que Palestina era una tierra sin gente tiene su correlato en el famoso mito del pueblo sin tierra, el tema del capítulo 2. ¿Eran los judíos verdaderamente los habitantes originales de Palestina que merecían ser apoyados de todas las maneras posibles en su «retorno» a su «patria»? El mito insiste en que los judíos que llegaron en 1882 eran los descendientes de los judíos expulsados por los romanos alrededor del 70 d. de c. El contraargumento cuestiona esta conexión genealógica. conocidas investigaciones académicas han demostrado que muchos judíos de la Palestina romana permanecieron en el territorio y se convirtieron primero al cristianismo y luego al islam. Quiénes eran esos judíos retornados es todavía una pregunta abierta, quizá los jázaros, que se convirtieron al judaísmo en el siglo ix. O tal vez la mezcla de razas durante más de un milenio excluye cualquier respuesta a tal pregunta. En este capítulo argumento algo más importante, que en el periodo presionista la conexión entre las comunidades judías en el mundo y Palestina era religiosa y espiritual, no política.  La asociación del regreso de los judíos con la estatalidad, antes del surgimiento del sionismo, era un proyecto cristiano hasta el siglo xvi y después una variante protestante específica (en particular, anglicana).

El capítulo 3 examina detalladamente el mito que equipara al sionismo con el judaísmo (por lo que el antisionismo solo se puede entender cómo antisemitismo). Trato de refutar esa ecuación mediante una evaluación histórica de las actitudes judías frente al sionismo y un análisis de la manipulación sionista del judaísmo por razones coloniales y, más tarde, estratégicas.

 

El cuarto capítulo se ocupa de la afirmación de que no hay conexión entre el colonialismo y el sionismo. Según este mito el sionismo es un movimiento de liberación nacional, mientras que el contraargumento lo enmarca como un proyecto colonialista, de hecho colonizador, similar a los vistos en Sudáfrica, las Américas y Australia. La importancia de esta refutación es qué refleja qué pensamos sobre la resistencia palestina frente al sionismo y luego frente a Israel. Si Israel es solo una democracia que se defiende, entonces las organizaciones palestinas como la OLP son puramente terroristas. Si por el contrario su lucha es contra un proyecto colonialista, entonces forman parte de un movimiento anticolonialista y su imagen internacional será muy diferente de la que Israel y sus seguidores imponen a la opinión pública mundial. 

El capítulo 5 repasa las conocidas mitologías de 1948. En particular pretende recordar a los lectores que la historiografía profesional ha desmentido con éxito la afirmación de la huida voluntaria de los palestinos. También se discuten en ese capítulo otras historias asociadas con los eventos de 1948.

El último capítulo histórico se pregunta si la guerra de 1967 le fue impuesta a Israel y fue, por tanto, «imposible de evitar». Yo afirmo, por el contrario, que formaba parte del deseo de Israel de completar la conquista de Palestina que casi se había logrado en la guerra de 1948. La planificación para la ocupación de Cisjordania y la Franja de Gaza comenzó en 1948 y no cesó hasta la oportunidad histórica ofrecida por una imprudente decisión egipcia en junio de 1967.  Además, sostengo que las medidas israelíes inmediatamente después de la ocupación demostraban que Israel anticipó la guerra más que verse involuntariamente obligada a ella.

El séptimo capítulo nos trae hasta el presente. ¿Es Israel un estado democrático, pregunto, o es una entidad no democrática? Defiendo esta última opción examinando el estatus de los palestinos dentro de Israel y en los territorios ocupados (que juntos constituyen casi la mitad de la población gobernada por Israel).

El capítulo 8 trata del proceso de Oslo. Después de casi un cuarto de siglo desde la firma del acuerdo, tenemos una buena perspectiva sobre los fallos relacionados con el proceso y podemos preguntarnos si fue un acuerdo de paz que falló o una estratagema israelí exitosa para profundizar la ocupación.

Una perspectiva similar se puede aplicar ahora a la Franja de Gaza y el mito todavía ampliamente aceptado de que la miseria de la gente de allí se debe a la nImagenaturaleza terrorista de Hamás. En el noveno capítulo opto por disentir y presentar otra interpretación de lo que ha sucedido en Gaza desde el final del siglo pasado.

Por último, en el capítulo décimo, desafío el mito de que la solución de dos estados es el único camino a seguir. Hemos sido bendecidos con excelentes obras activistas y académicas criticando esa fórmula y ofreciendo soluciones alternativas. Constituyen un desafío formidable a este último mito.

El libro también incluye como apéndice una cronología que ayudará a los lectores a contextualizar aún más los argumentos.

Mi esperanza es que, ya sea el lector sea un recién llegado al tema, o un estudioso veterano en él, el libro será una herramienta útil. Está dirigido principalmente a cualquiera que se vea en un dilema sobre el tema perenne de la cuestión Israel-Palestina.  No es un libro equilibrado, es un intento de restablecer el equilibrio del poder en nombre de los palestinos colonizados, ocupados y oprimidos en la tierra de Israel y Palestina. Sería una verdadera oportunidad si los defensores del sionismo o partidarios leales de Israel también estuvieran dispuestos a discutir los argumentos que aquí se presentan. Después de todo, el libro está escrito por un judío israelí que se preocupa por su propia sociedad tanto como por la palestina. Refutar las mitologías que sostienen las injusticias debería ser beneficioso para todos los que viven en el país o desean vivir allí. Constituye una base sobre la cual todos sus habitantes podrían disfrutar de los grandes logros a los que actualmente solo tiene acceso un grupo privilegiado.

Además, el libro será una herramienta útil para los activistas que reconocen que el conocimiento sobre Palestina es tan necesario como el compromiso con su causa. No es un sustituto del increíble trabajo realizado por muchos autores a lo largo de los años, cuyas contribuciones han hecho posible un libro como este, pero puede servir como punto de acceso a ese conocimiento.

Los estudiantes e investigadores pueden servirse de este libro si se han curado del mayor malestar del mundo académico de nuestro tiempo: la idea de que el compromiso socava la excelencia en la investigación académica. Los mejores estudiantes de pregrado y posgrado que he tenido el placer de aleccionar y supervisar eran los más comprometidos. Este libro es solo una modesta invitación a que los futuros académicos abandonen sus torres de marfil y se reencuentren con las sociedades en cuyo nombre llevan a cabo su investigación.  Ya escriban sobre el calentamiento global, la pobreza o Palestina, deberían llevar con orgullo su compromiso en trabajos académicos. Y si sus universidades todavía no están preparadas para ello, deberían ser lo suficientemente inteligentes como para jugar el juego de la «investigación académica objetiva e imparcial» sobre estos temas conflictivos, reconociendo plenamente su falsa pretensión.

Para el público en general, este libro presenta una versión bastante simple de un tema que a menudo puede parecer extremadamente complicado (como de hecho lo son algunos de sus aspectos), pero que puede explicarse y relacionarse fácilmente desde la perspectiva universal de la justicia y los derechos humanos.

Finalmente, espero que este libro aclare algunos de los profundos malentendidos que se albergan en el corazón del problema Israel-Palestina, tanto en el pasado como en el presente. Mientras estas distorsiones y suposiciones heredadas no sean cuestionadas, continuarán proporcionando un escudo de inmunidad para el actual régimen inhumano en la tierra de palestina. Al examinar esos supuestos a la luz de las últimas investigaciones, podemos ver cuán lejos están de la verdad histórica y por qué restablecer directamente los registros históricos podría tener un impacto en las posibilidades de paz y reconciliación en Israel y Palestina.

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