Theodor Adorno. La inteligencia es una categoría moral

adorno-theodorNacido en Frankfurt en 1903, las dos pasiones de Theodor Adorno desde temprana edad fueron la filosofía y la música, a la que se dedicaron su madre y su tía. Ya en la universidad, Adorno estudió musicología y filosofía, licenciándose en 1924. Aunque tenía ambiciones como compositor, los reveses en su carrera musical le inclinaron cada vez más hacia la filosofía. Sus dos pasiones convergieron en el ámbito de la crítica a la industria que rodea a la cultura popular, manifiesta en Über Jazz (Sobre el Jazz), conocido y polémico ensayo que Adorno publicó en 1936.

En 1938, en pleno auge del nazismo en Alemania, emigró a Nueva York, trasladándose luego a Los Ángeles, donde fue profesor de la Universidad de California. Regresó a Alemania una vez acabada la Segunda Guerra Mundial y ocupó una cátedra en Frankfurt. Adorno falleció a los 66 años durante unas vacaciones en Suiza.

  • Obras principales
  • 1949 Filosofía de la nueva música.
  • 1951 Minima Moralia.
  • 1966 Dialéctica negativa.
  • 1970 Teoría estética.

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La inteligencia es una categoría moral

  • Rama: Ética
  • Orientación: Escuela de Frankfurt
  • Antes
  • Siglo I d.C. San Pablo escribe y reflexiona sobre ser «necio por Cristo».
  • 500–1450 En la Europa medieval se populariza la visión alternativa del mundo representada por la idea de «locura santa» .
  • Siglo XX El auge global de los diversos medios de comunicación de masas plantea nuevas cuestiones éticas.
  • Después
  • 1994 El neurólogo portugués Antonio Damasio publica El error de Descartes: la emoción, la razón y el cerebro humano.
  • Siglo XXI Slavoj Žižek estudia la dimensión política, social y ética de la cultura popular.

En Occidente la figura del loco santo goza de una larga tradición, pues se remonta hasta la epístola de san Pablo a los corintios en la que pide a sus seguidores que sean «necios por Cristo». A lo largo de la Edad Media esta idea acabó tomando la forma del santo insensato o carente de inteligencia, pero moralmente virtuoso o puro.

En su libro Minima Moralia, el filósofo alemán Theodor Adorno cuestiona esta antigua tradición, encuentra sospechoso todo afán de, según sus palabras, «absolver y beatificar al tonto», y quiere proponer que la bondad atañe a todo nuestro ser, tanto al sentimiento como al entendimiento.

El problema con la idea del necio o loco santo, según Adorno, es que nos divide en partes diferentes, y con ello nos vuelve incapaces de actuar con buen criterio, cuando, de hecho, el juicio se mide en función del grado en que logramos conciliar sentimiento y entendimiento. La perspectiva de Adorno implica que los actos malvados no son meros fracasos del sentimiento, sino también de la inteligencia y el entendimiento.

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El entretenimiento televisivo es, según Adorno, intrínsecamente peligroso porque distorsiona el mundo y nos imbuye de estereotipos y visiones sesgadas que vamos adoptando como propios.
Adorno fue miembro de la Escuela de Frankfurt, un grupo de filósofos interesados en el desarrollo del capitalismo. Por ello, condenó los medios de comunicación de masas como la televisión y la radio, sosteniendo que habían causado una erosión tanto de la inteligencia como del sentimiento, así como una pérdida de la capacidad de elegir y hacer juicios morales. Si optamos por apagar nuestros cerebros viendo los grandes éxitos de taquilla (en la medida en seamos capaces ya de optar, dadas las condiciones culturales en las que vivimos), para Adorno se trata de una opción moral. La cultura popular, en su opinión, no solamente nos vuelve estúpidos, sino también incapaces de actuar con un criterio moral.

Emociones esenciales

La capacidad de juzgar se mide por la cohesión del yo. Theodor AdornAdorno defiende que el error contrario a imaginar que puede existir tal cosa como un necio santo es imaginar que podemos realizar juicios sobre la sola base de la inteligencia, sin tener en cuenta la emoción. El caso puede darse en un tribunal, cuando los jueces piden al jurado que dejen a un lado toda emoción con el fin de alcanzar un veredicto ecuánime. Al entender de Adorno, sin embargo, tenemos las mismas posibilidades de tomar decisiones o emitir juicios correctos si prescindimos de las emociones que si prescindimos de la inteligencia. Cuando el último rastro de emoción ha sido eliminado de nuestro pensamiento, escribe, ya no queda nada en lo que pensar, y la idea de que la inteligencia pueda beneficiarse de la ausencia de emoción es simplemente errónea. En consecuencia, Adorno opina que la ciencia, que es un tipo de conocimiento que no hace referencia a las emociones, ha tenido sobre nosotros un efecto deshumanizador, al igual que la cultura popular.

De una forma inesperada, puede que sea la ciencia la que acabe demostrando el acierto de la postura de Adorno en relación con la separación entre inteligencia y emoción: desde la década de 1990, científicos como Antonio Damasio han estudiado las emociones y el cerebro, y han aportado pruebas crecientes de los numerosos mecanismos por medio de los cuales las emociones guían la toma de decisiones. En definitiva, a fin de juzgar acertadamente o sencillamente poder juzgar, debemos emplear la emoción y la inteligencia.

El texto de esta entrada es un fragmento de “El libro de la Filosofía

Libros de Theodor Adorno – Akal

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