Virginia Woolf. La libertad individual

viginia-woolfNacida en 1882 en una familia distinguida de Londres, a Woolf no le faltaron contactos, pero no recibió una educación formal. En la adolescencia, varias muertes en su familia afectaron a su salud mental. Estudió en el King’s College de Londres, donde conoció a feministas radicales. Perteneció al grupo de Bloomsbury, un círculo de intelectuales donde conoció a su amiga y amante Vita Sackville-West y a Leonard Woolf, su marido.

En 1917, Virginia y Leonard crearon Hogarth Press, lo cual le permitió a ella publicar su obra. Woolf experimentó con la prosa narrativa, y fue una figura clave de la literatura de la modernidad. Aplicó tanto el monólogo interior como los múltiples puntos de vista al tratamiento de cuestiones feministas y sociales. En 1941, profundamente deprimida, Woolf se suicidó arrojándose al río Ouse.

Libertad individual

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A principios del siglo XX, las mujeres tenían un papel en gran medida doméstico, la educación que recibían solía ser mínima, y la mayoría de las profesiones estaban vedadas para ellas. Así, muy pocas disfrutaban de libertad intelectual, y muchas feministas llegaron a valorar por encima de todo la capacidad de concebir, recibir y expresar ideas libremente. Con un canon literario dominado por hombres, muchas mujeres publicaban de forma anónima o bajo pseudónimos masculinos.

En el ensayo Una habitación propia (1929), Virginia Woolf habla de las dificultades de las escritoras para lograr el mismo éxito que sus homólogos masculinos. Reconociendo los logros de novelistas como Jane Austen y George Eliot, describe las trabas que impone la domesticidad. En muchos casos, las mujeres escribían en zonas comunes de la casa, rodeadas de distracciones, y en muy raros casos gozaban de independencia económica. Woolf crea el personaje de Judith, hermana ficticia de Shakespeare, y se pregunta cómo habría sido su vida. De haber sido «tan imaginativa, con ojos tan llenos de asombro para el mundo» como su hermano, igualmente se habría esperado de ella que se conformara con ser esposa y madre. Judith, desesperada, se mata, sin haber llegado a expresar su genio.

Otras escritoras imaginaron situaciones similares: en My Brilliant Career (1901), la australiana Miles Franklin cuenta la historia de Sybylla, una joven que no puede cumplir su sueño de escribir debido a los deberes familiares, la pobreza y la misoginia social imperante.

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Mujeres jugando al tenis en Girton College, Cambridge (RU), c. 1900. Las conferencias de Woolf en los colegios femeninos de Girton y Newnham dieron forma a Una habitación propia.

Espacio para la creatividad

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El espacio creativo de Woolf era un cuarto de madera que daba al amplio jardín de Monk’s House, casa comprada por Virginia y Leonard en 1919, en Sussex Oriental.

Woolf propone que las mujeres necesitan «una habitación propia» para poder desarrollar su creatividad, libres de las ataduras domésticas. Para ella, la independencia económica necesaria para lograr esto era aún más importante que lograr el voto. Cuando tuvieran espacio para pensar, las mujeres tendrían ocasión de experimentar y desarrollar un lenguaje femenino ausente hasta entonces en la literatura.

Woolf sugiere que las escritoras deberían entablar una lucha interior contra el ideal femenino victoriano, ejemplificado en la esposa y madre perfecta del popular poema narrativo The Angel in the House. En su ensayo de 1931 «Professions for Women», se refiere a este ángel como un «fantasma» que ronda la mente de las escritoras y al que, para poder escribir con éxito, hay que extirpar: «Si no lo hubiera matado yo, me habría matado él a mí».

Un legado de la modernidad

Habría sido imposible para cualquier mujer escribir las obras de Shakespeare en la época de Shakespeare. Virginia WoolfLa exigencia de libertad intelectual de Woolf despejó el camino a la segunda ola del feminismo a mediados del siglo XX. Su obra inspiraría a Elaine Showalter el concepto de la ginocrítica, definida como «un marco femenino para el análisis de la literatura escrita por mujeres». Otras feministas se han servido de Una habitación propia para criticar el feminismo del siglo XX. Alice Walker, por ejemplo, observó que la falta de una habitación propia era el menor de los impedimentos a los que se enfrentaban las mujeres de raza negra.

El texto y las imágenes de esta entrada son un fragmento de: “El libro del feminismo”

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