SLAPP

Dardo Gómez y Francesc Ràfols: «En las SLAPP coinciden actores empresariales sin escrúpulos y propietarios de medios de comunicación»

Pascual Serrano

Dos veteranos periodistas, Dardo Gómez Ruíz-Díaz y Francesc Ràfols Sagués, acaban de escribir Guerra judicial a la verdad. Las SLAPP. Para la mayoría de los lectores, el acrónimo SLAPP le resultará desconocido. Lo de “guerra judicial a la verdad”, da alguna pista, pero tampoco es que lo termine de aclarar. Sin embargo, a la largo de esta entrevista, todos nosotros, no solo podremos conocer de qué se trata, sino que coincidiremos en su realidad, su gravedad y la necesidad de poner freno a ese problema. Un problema que no es del periodismo, sino de nuestras democracias. Su denuncia no es una denuncia corporativista, es una llamada a enfrentar una amenaza, otra más, a las que se enfrentan nuestros sistemas democráticos.

Lo primero que debéis explicar para que un lector entienda esta entrevista y vuestro libro es que son las Strategic Lawsuits Against Public Participation (SLAPP), en castellano, Demandas Estratégicas contra la Participación Pública.

Son las acciones judiciales abusivas que se impulsan desde distintos ámbitos del poder contra periodistas y activistas principalmente con el objetivo de acallar, silenciar, amedrentar, arruinar, aburrir y/o arrinconar a las voces críticas que informan o luchan contra los desmanes de estos círculos poderosos.

Aunque su concreción varía según las zonas del planeta, en todos los continentes las han utilizado, se han convertido en la práctica preferente de actores empresariales sin escrúpulos para frenar a quienes se preocupan por sus malas prácticas de producción y comercialización cuando estas atentan contra los derechos de los ciudadanos. Las SLAPP pueden tomar la forma de denuncia penal o de demanda civil para intimidar y silenciar a los críticos mediante este uso abusivo del sistema legal.

En el libro dais algunas cifras: 570 casos de SLAPP únicamente en Europa en un periodo de diez años y, solamente en 82 casos se han estudiado. Las demandas contra periodistas y activistas que han denunciado abusos y atropellos suman más de 1.500 millones de dólares. Parece extraño que no se hable casi de esto.

Es que estos círculos poderosos a los que nos referíamos también utilizan sus recursos para evitar que en los medios de comunicación se hable de esas tropelías. Se aprovechan además del desconocimiento que hay entre la ciudadanía y, especialmente, en la  profesión periodística de esa realidad. Esos ámbitos suelen ser los propietarios de los medios de comunicación por lo que utilizan ese poder para silenciar esas voces críticas para imponer el silencio, la autocensura y la ocultación de la verdad.

En vuestro trabajo repasáis algunos ejemplos de SLAPP. ¿Me podéis decir cada uno de vosotros el que más os ha impresionado?

Dardo Gómez: Se me hace difícil escoger un ejemplo preferido ya que todos y cada uno de ellos son dirigidos a hacer el mayor daño a una actividad que es fundamental para la continuidad de su trabajo o la defensa de un derecho humano de abasto colectivo. En cada uno de ellos se pone en juego el derecho humano y la falsedad del ejercicio de la justicia que pone en duda el derecho de todos a ejercerlo y llega a interponer demandas de prisión para quienes reclaman la defensa de sus libertades.

Quico Ràfols: Coincido con Dardo, pero me gustaría destacar la caza, captura y represión de la que fue objeto Julian Assange por difundir a través de wikileaks una serie de informaciones que comprometían a uno de los países más poderosos del mundo, si no el que más. Me parece un SLAPP de escala monumental, totalmente cruel en su situación penitenciaria en el Reino Unido y en el que estaba en juego la libertad de información en todo el planeta.

En las SLAPP, como en el lawfare o en los delitos de odio, me entra  la duda de cómo saber cuál es el bando bueno. Me explico, ¿cómo se puede diferenciar el SLAPP de la demanda perversa de una multinacional contra un periódico que está investigando su responsabilidad en un atentado medioambiental, de una demanda de un ayuntamiento honesto contra un periódico malintencionado que les está acusando falsamente de un delito medioambiental para quitarles del poder?

Eso deberá valorarlo la justicia. Pero un periódico malintencionado, lo más probable, es que este controlado por estos círculos de poder de los que hablábamos, o, como tu dices, una multinacional perversa. Por lo tanto, en este caso, no estaríamos ante una SLAPP porqué el poderoso está en el otro lado.

Siempre habrá demandas, algunas justificadas, sobre las que la justicia decidirá, pero a las SLAPP se las distingue porque forman parte de una estrategia continuada de demandas en las que participan despachos de abogados muy importantes que trabajan para esos círculos y que disponen de recursos prácticamente infinitos para derrotar las voces críticas. Defenderse legalmente de los poderosos que atacan los intereses colectivos es un derecho inalienable.

Ese periódico malintencionado del que tu hablas no es más que un instrumento más de los ámbitos del poder para acabar con aquellos que ponen por delante el interés general de la ciudadanía.

¿Qué perspectivas legales se vislumbran que puedan suponer una esperanza para los activistas ante el acoso de las SLAPP?

Eso va por países. En Europa, la Unión Europea aprobó una directiva antiSLAPP que es un instrumento útil para evitar esas demandas. Pero ha nacido con un defecto, que es que solo se puede aplicar en aquellos casos que afecten a más de un Estado de la UE. Los miembros de la UE tienen hasta la primavera de este año para incorporarla a sus legislaciones nacionales. Ya veremos, pero en España no hay nada hecho para pensar que eso será así. Si ya va con retraso la aplicación del Reglamento Europeo para la Libertad de los Medios de Comunicación (EMFA, en sus siglas en inglés), que ya es de obligado cumplimiento, es fácil imaginar que con la directiva antiSLAPP va a ser todavía peor. Hay legislaciones en Estados Unidos, Canadá y en algún otro país, pero, en general, en el mundo, no hay nada. Y hay que tener en cuenta que donde hay más SLAPP es en América Latina y Asia.

Un comentario

  1. Brillante la información de los ponentes, dos personas comprometidas con la honestidad de los medios de comunicación y aclarando siglas y conceptos que hoy en día tratan de ocultar los que dicen informar y que se limitan a intoxicar con noticias falsas y alteraciones permanentes a la verdad.

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