El pacifismo en España desde 1808 hasta el «No a la Guerra» de Iraq

«ENEMIGO DE LA GUERRA
Y SU REVERSO, LA MEDALLA»

Antimilitarismo, antibelicismo y pacifismo en la contemporaneidad española.

«How many deaths will it take ‘till he knows that too many people have died? The answer, my friend, is blowing in the wind».

Bob Dylan Blowin’ in the wind (1963)

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Los versos de Luis Eduardo Aute que intitulan esta introducción, procedentes de su canción La belleza, representan el leitmotiv que se encuentra detrás de este libro. Además de la crítica a los individuos que abandonaron sus ideales de izquierda en plena descomposición del bloque soviético, en busca del mero crecimiento personal, tras ella subyace una crítica a la sociedad capitalista. Sin embargo, también es una crítica a los conflictos armados y a cómo las grandes potencias los justificaron a lo largo de la historia.

La Caída del Muro de Berlín provocó que intelectuales liberales, como Francis Fukuyama, defendiesen el «fin de la Historia», que implicaría la victoria del liberalismo y la caída del comunismo, y, con ella, el final de la lucha de clases, la conflictividad social o la violencia política. No obstante, después de un periodo de guerras mundiales, guerras civiles, la emancipación colonial, la Guerra de Corea o la de Vietnam, la realidad que vino tras 1990 lejos estuvo de lo que auguraban interesadamente aquellos intelectuales.

No se instauró un periodo de paz y concordia, sino que estallaron más conflictos en todo el mundo, basados en intereses económicos, geoestratégicos o geopolíticos, palabras muy de moda en la triste actualidad que nos asola en pleno 2022. La Guerra de los Balcanes, la de Sierra Leona, la del Congo, la de Mali, la de Siria, las dos Guerras del Golfo, la de Yemen, la de Afganistán y el conflicto producido por los asentamientos ilegales de Israel en Palestina son solo ejemplos de que el «final», que muchos vaticinaban desde una postura occidentalista, estaba lejos de producirse. Aunque cambió el armamento y las estrategias bélicas, no obstante, poco o nada se vieron modificadas sus consecuencias: la destrucción, el miedo, la violencia y la muerte de civiles inocentes. A pesar de ellas, los múltiples, espurios y, en ocasiones, ocultos intereses siguen prevaleciendo frente a sus horribles resultados.

Es un libro que tiene una mirada amplia y del que el lector debe extraer sus propias conclusiones. No se quiere defender que España sea más o menos pacífica que otros países de nuestro entorno, pero sí demostrar que no somos como el cuadro de Goya, que no estamos en un constante Duelo a garrotazos. La conflictividad, existente en nuestra historia no es menor a la de otros países, pero, lo más importante, también hubo personas que no se pusieron de perfil y, de algún modo, dijeron basta.

Como en todos los países, la protesta y la acción colectiva que se produjeron hijas de su tiempo: desde los prófugos y desertores hasta las grandes manifestaciones. Las organizaciones pacifistas hicieron que su coherente reclamación se introdujese en el debate político actual, aunque pueda haber distintos modos de entender cómo conseguir ese objetivo de la paz.

En este libro se define la defensa de la «no-violencia», el respeto, la empatía y el talante dialogante, frente al garrotazo en la esfera política y social. Este punto de encuentro interdisciplinar puede servir de base para que otros estudien este fenómeno desde las diversas perspectivas y temáticas planteadas. Por el momento solo es un punto de partida para encontrar la Belleza de la que hablaba Luis Eduardo Aute, solo esperamos que la respuesta no siga por mucho tiempo «flotando en el viento».

Extracto de El pacifismo en España desde 1808 hasta el «No a la Guerra» de Iraq. 

 

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