John Locke. Empirismo

locke-johnJohn Locke nació en 1632, hijo de un abogado inglés de provincias. Contó con patronos acomodados, hecho que le permitió recibir una buena educación, primero en la Westminster School de Londres y luego en Oxford. Impresionado con la orientación empírica de la ciencia que había adoptado el pionero de la química Robert Boyle, le ayudó en sus trabajos experimentales y contribuyó a difundir sus ideas.

Aunque las ideas empíricas de Locke son importantes, lo que le hizo famoso fue su obra política. Propuso una teoría del contrato social para legitimar al gobierno y la idea del derecho natural a la propiedad privada. Locke huyó de Inglaterra en dos ocasiones como exiliado político, pero regresó en 1688, tras el acceso al trono de Guillermo y María. Permaneció en Inglaterra, donde escribió y ocupó varios cargos gubernamentales, hasta que falleció en 1704.

El conocimiento del hombre no puede ir más allá de su experiencia

  • Rama: Epistemología
  • Orientación: Empirismo
  • Antes
  • 380 a.C. – Platón, en el diálogo Menón, afirma que recordamos conocimiento de otras vidas.
  • Mediados del siglo XIII – Santo Tomás de Aquino defiende que «lo que está en nuestro intelecto tiene que haber estado antes en nuestros sentidos».
  • Después
  • Finales del siglo XVII – Según Gottfried Leibniz, pese a que la mente pueda parecer una tabula rasa (tabla rasa) al nacer, cuenta con un conocimiento innato que la experiencia descubre gradualmente.
  • 1966 – Noam Chomsky presenta su teoría de la gramática innata en Lingüística cartesiana.

Tradicionalmente, se incluye a John Locke dentro del grupo de los empiristas británicos, junto a dos filósofos posteriores, George Berkeley y David Hume. Por lo general, se entiende que los empiristas mantienen que la totalidad del conocimiento humano tiene que proceder, de una manera directa o indirecta, de la experiencia del mundo que únicamente adquirimos a través de los sentidos. Este argumento contrasta con el razonamiento de los filósofos racionalistas, como René Descartes, Benedictus de Spinoza o Gottfried Leibniz, que afirman que, al menos en principio, es posible adquirir conocimiento exclusivamente por medio de la razón.

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En realidad, la división existente entre ambos grupos no es tan clara como acostumbra a darse por sentado; por ejemplo, todos los racionalistas aceptan que, en la práctica, nuestro conocimiento del mundo procede de la experiencia, y sobre todo de la investigación científica. Locke llega a sus opiniones características sobre la naturaleza del mundo aplicando a los datos obtenidos por medio de la experiencia sensorial un proceso de razonamiento que posteriormente se denominó abducción (inferir la mejor explicación partiendo del conjunto de pruebas disponibles). Locke, por ejemplo, se propone demostrar que la mejor explicación del mundo que experimentamos es la teoría corpuscular, según la cual todo está compuesto por partículas submicroscópicas, o corpúsculos, que no podemos conocer directamente, pero cuya existencia explica fenómenos que de otro modo resultaría muy difícil, si no imposible, explicar. La teoría corpuscular fue ampliamente aceptada por el pensamiento científico del siglo XVII y es fundamental en la explicación del mundo físico que ofrece Locke.

Ideas innatas

Si examinamos atentamente a un recién nacido, tendremos pocos motivos para pensar que trae muchas ideas al mundo con él. John LockeAtribuir a Locke la afirmación de que el ser humano no es capaz de conocer nada más allá de su experiencia puede, por lo tanto, parecer erróneo o, al menos, exagerado. Sin embargo, en su Ensayo sobre el entendimiento humano, Locke rebate ampliamente la teoría que proponen los racionalistas para explicar cómo se puede acceder al conocimiento sin la experiencia: la teoría de las ideas innatas.

La opinión de que los seres humanos nacemos con una serie de ideas innatas que permiten que conozcamos el mundo que nos rodea, independientemente de cuál sea nuestra experiencia, se remonta a los principios de la filosofía. Platón ya desarrolló un juicio según el cual tenemos en nuestro interior todo el conocimiento genuino, pero cuando morimos el alma se reencarna en otro cuerpo y el trauma del nacimiento hace que lo olvidemos todo. Por consiguiente, la educación no consiste en adquirir información nueva, sino en recordar, y el educador es más una comadrona que un maestro.

No obstante, un gran número de pensadores posteriores rebatieron la teoría de Platón y propusieron que no todo el conocimiento puede ser innato y que únicamente existe una cantidad limitada de conceptos que pueden serlo, por ejemplo el concepto de Dios y de una figura geométrica perfecta, como el triángulo equilátero. En su opinión, este tipo de conocimiento puede adquirirse sin experiencias sensoriales directas, en el sentido de que podemos idear una fórmula matemática utilizando únicamente el poder de la razón y de la lógica. René Descartes, por ejemplo, declara que, aunque cree que todos poseemos una idea de Dios grabada en nosotros, como la marca del artesano en una vasija de arcilla, el conocimiento de la existencia de Dios sólo puede llegar a nuestra mente consciente a través de la razón.

Las objeciones de Locke

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Locke creía que la mente humana es como un lienzo en blanco, o tabula rasa, al nacer. Afirma que nuestro conocimiento del mundo sólo puede proceder de la experiencia, a través de los sentidos. Entonces somos capaces de racionalizar ese conocimiento para formular ideas nuevas.

Locke estaba en desacuerdo con la creencia de que el ser humano posea ningún tipo de conocimiento innato. Parte de la idea de que, cuando nacemos, nuestra mente es una tabula rasa, una pizarra o una hoja de papel en blanco sobre la que se escribe la experiencia, de la misma forma que la luz crea imágenes sobre una película fotográfica. Según Locke, el ser humano no aporta nada a este proceso, a excepción de la capacidad humana básica de aplicar la razón a la información que obtenemos a través de los sentidos. Sostiene que no hay la menor prueba empírica capaz de demostrar que la mente de un recién nacido no esté totalmente en blanco, y añade que lo mismo puede decirse acerca de los discapacitados mentales, de los que cree que «no tienen la menor comprensión ni pensamiento». De ahí que declare que toda doctrina que apoye la existencia de ideas innatas es necesariamente falsa.

Me parece casi una contradicción decir que hay verdades grabadas en el alma, que carece de percepción y de entendimiento. John LockeLocke también rebate el concepto mismo de idea innata, que, en su opinión, es incoherente. Afirma que, para que algo pueda ser considerado una idea, primero debe haber estado en la mente de una persona en algún momento. Sin embargo, subraya, cualquier idea verdaderamente innata debería preceder a toda forma de experiencia humana. Locke acepta que, tal y como sostiene Gottfried Leibniz, una idea puede existir en la memoria a tal profundidad que acceder a ella durante un tiempo pueda ser difícil o, incluso, imposible, por lo que la mente consciente no es capaz de llegar hasta ella. Por otro lado, se cree que las ideas innatas existen de algún modo y en algún lugar, con anterioridad a cualquier tipo de mecanismo capaz de concebirlas y de llevarlas a la conciencia.

Quienes defienden la existencia de las ideas innatas suelen afirmar también que, como están presentes en todos los seres humanos cuando nacen, deben ser universales por naturaleza, lo que significa que se encuentran en todas las sociedades humanas y en todos los momentos de la historia. Platón, por ejemplo, proclama que, potencialmente, todo el mundo tiene acceso al mismo cuerpo de conocimiento, por lo que niega cualquier diferencia entre hombres y mujeres o entre esclavos y hombres libres. Del mismo modo, en tiempos de Locke, solía plantearse la teoría de que como las ideas innatas tan sólo pueden llegar a nosotros a través de Dios, tienen que ser universales, porque Dios no sería tan injusto de ofrecérselas únicamente a una élite.

Supongamos que la mente fuera un papel en blanco, vacío de inscripciones, vacío de ideas; ¿cómo llega a tenerlas? John LockeLocke refuta el argumento de las ideas universales haciéndonos notar, una vez más, que una simple observación del mundo que nos rodea nos muestra que tales ideas no existen. Defiende que, incluso si hubiera conceptos, o ideas, comunes a todos los seres humanos, tampoco podríamos concluir categóricamente que, además de universales, son innatas. Declara que siempre podríamos hallar otras explicaciones a su universalidad, como, por ejemplo, que se derivan de la forma más básica en que el hombre experimenta el mundo que le rodea, algo que todos los seres humanos debemos compartir.

En 1704, Gottfried Leibniz atacó la argumentación empírica de John Locke en Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano. Leibniz sostiene allí que las ideas innatas son el único modo claro de adquirir conocimiento no basado en la experiencia, y que Locke se equivoca al afirmar su imposibilidad. El debate sobre si el ser humano puede llegar a conocer nada más allá de lo que percibe con los cinco sentidos aún continúa.

El lenguaje como capacidad innata

Aunque Locke se opone a la existencia de las ideas innatas, no rechaza el concepto de que el ser humano detente capacidades innatas. Es más, la existencia de ciertas capacidades como la percepción y el razonamiento son fundamentales en su explicación del mecanismo del conocimiento y del entendimiento humano. A finales del siglo xx, el filósofo estadounidense Noam Chomsky llevó aún más lejos esta idea al defender que toda mente humana cuenta con un proceso de pensamiento innato capaz de generar una «estructura profunda» y universal del lenguaje. Chomsky cree que, al margen de las diferencias estructurales aparentes, todos los idiomas humanos surgen de una única base común.

Locke desempeñó un papel fundamental en el debate sobre de qué manera logra adquirir conocimiento el ser humano, en un momento en que el conocimiento que este poseía sobre el mundo se expandía a un ritmo sin precedentes. Filósofos anteriores, principalmente algunos pensadores escolásticos medievales como santo Tomás de Aquino, habían concluido que algunos aspectos de la realidad superaban el alcance de la mente humana. Sin embargo, Locke llevó esa postura todavía más lejos y quiso determinar los límites exactos de lo que es cognoscible mediante un análisis detallado de las facultades mentales del ser humano.

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